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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 29
    Noviembre
    2012

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    Los discos que te avergüenzan

    Los discos que te avergüenzan

    Allá se meta un cubo de botox. No, no y no

    Un compañero de trabajo, aficionado al hardcore, el trash metal y el death, me deja de piedra cuando en mitad de la conversación reconoce ser propietario (ser pro-pie-ta-rio, mucho ojo) de dos discos de Rick Astley. Y en vinilo, añade, señal inequívoca de que los guarda como oro en paño en un lugar privilegiado de su discoteca. Antes de echarlo del despacho, recapacito y hago memoria de las vergüenzas que acompañan mi colección particular, que las hay, alguna de ellas realmente sonrojantes.

    Recuerdo American Psycho, la novela bárbara de Bret Easton Ellis, y ese momento en que una de las víctimas potenciales de Patrick Bateman se mofa de él por tener en la misma estantería un disco de Lloyd Cole & the Commotions junto a uno de ¡Whitney Houston! Si no tenía motivos para acabar con ella, la incauta acaba de dárselos. Ha descubierto su secreto. El exquisito Bateman es propietario de un CD de la Houston (¡horror!) y eso parece hacerle mucha gracia a la joven, que acaba con un tubo en la vagina y una rata hambrienta con billete hacia el interior de su cuerpo. Animalito.

    Nadie está libre de pecado. Hechas las paces con mi compañero por sus devaneos con Rick Astley, resuelvo confesar que yo también poseo algún que otro cadáver en el armario, en vinilo, en cinta de cassette, en CD y hasta en mp3. Nadie está a salvo.

    ¿Recuerdan Message in a bottle, la emblemática canción de Police que formaba parte de su según álbum, Regatta de Blanc? Pues el mismo día que adquirí aquel single me llevé Walking on the moon, también de Police, y Super Superman, de Miguel Bosé, con Vota Juan XXVI por la cara B. Vótale por tu bien, decía el estribillo. Podéis lapidarme.

    Pasados los años, me perdoné aquél devaneo con la horterada (Bosé tiene cosas mejores, admitámoslo) porque corría 1978 y aquel verano tenía 11 años.

    Como pecador, aquella fue la primera piedra que lancé. Arrojé muchas otras. Antes de que concluyera aquella década adquirí el Born to be alive, de Patrick Hernández, y el Funky town, de Lipps Inc. Entremezclado con viejos singles de los Jam y los Cure todavía puede verse el Ring my bell de Anita Ward.

    Pero lo peor se halla en la caja de los cassettes. Junto a una versión incunable en japonés de un éxito de Police (otra vez) se conserva en perfecto estado una cinta de La Charanga del Tío Honorio, agro-pop salvaje cuyo mayor hit, Hay que lavalo, recogía estrofas  de este tenor: “Qué se puede hacer con el cerdo del tío Honorio? Hay que engordalo, hay que jalalo”, y otras que por pudor omito.

    Acababa la década de 1980 y con ella se guardaban en el armario los viejos boogies de ante azul, las chaquetas de Adolfo Domínguez y las camisas con hombreras. En 1989, Depeche Mode publicaban su mítico álbum en directo, 101, Nirvana editaban Bleach, y The Cure, su obra maestra, Disintegration. Junto a ellos, yace en mi discoteca codeándose con estas joyas y sin vergüenza alguna La lambada, el gigaéxito de Kaoma, compartiendo gloria con viejos maxis de Paraíso, Nacha Pop y U2, que traía Spanish eyes por la cara B en uno de los singles de The Joshua tree.

    Bibi Andersen - Bibi Andersen

    Ni el más purista podrá negar que guarda un muerto en su discoteca. Hace un par de años, un buen amigo me hizo entrega de una joya del kitsch, el primer y no sé si único álbum de Bibi Andersen, hoy Bibiana Fernández. Incluye un tema que les sonará, Sálvame. Casi 30 años después de su publicación, una cadena privada de televisión utiliza la pieza como cabecera de un programa del mismo título. Moraleja: si tienes un disco vergonzante no te arrepientas de ser su dueño, vendrá una cadena de televisión y hará con él algo más obsceno todavía.

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