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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 11
    Septiembre
    2012

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    Grabar una cinta casera es un acto de amor

    Grabar una cinta casera es un acto de amor

    Cintas de cassette y un boli Bic. Aten cabos

    Para mí continúa siendo un placer inexplicable, un momento íntimo en el que me zambullo en un mar de canciones, nado entre ellas y elijo unas cuantas, nunca por casualidad, escogidas todas según los criterios que haya decido aplicar en ese momento, dándome al deleite de seleccionar un puñado de entre las elegidas, según el leitmotiv de la grabación y la personalidad y las cualidades del destinatario de tan preciado tesoro. Estoy hablando del noble y exquisito arte de la grabación casera, de fabricar una obra artística para otros, de construir un CD basado en determinadas normas que nadie ha escrito, cada vez distintas, trazadas siempre a partir de un protocolo diferente que convierte el resultado final en un trabajo único e irrepetible. Grabar una cinta, un CD, una lista para Ipod o construir una lista de reproducción para iTunes o Spotify puede llegar a convertirse en un acto de amor. Es un acto de amor.

    No soy el único que posee tal afición. ¿Recuerdan a los protagonistas de la novela Alta fidelidad de Nick Hornby? En la gran pantalla, los personajes que encarnaban John Cusack y Jack Black transferían al grabador de cassettes un status de autor. Grabaciones basadas en canciones que contuvieran la palabra amor, o la palabra odio, o que comenzaran por la letra A, o que tuvieran en común un redoble de timbales a partir del segundo minuto. Cualquier excusa es válida, porque el constructor de recopilaciones no encuentra el placer al escuchar el resultado final de su trabajo, de hecho casi nunca vuelve a insertarlo en el reproductor, sino en ese momento en que se sabe un artista de la orfebrería musical, en el mismo instante en que elige con qué pieza abrir el CD, con cuál otra cerrarlo y cuándo y con qué canciones llegar al momento valle. Cuando has conseguido elaborar el boceto, comienzas a trazar el dibujo y acabas el lienzo con el último toque de pincel. Es entonces cuando deseas más que nada en el mundo entregar el cuadro a su propietario. Algunos hasta insertan su firma. Yo acabo mis grabaciones con el popular That’s all folks de los Looney Tunes. Es un noble colofón para un trabajo bien hecho.

    Somos ingenieros de sonido caseros que nos hemos adaptado a los tiempos. Desenvolver el celofán de una vieja TDK de cromo para recopilar las mejores canciones de Leño o una compilación de rock urbano con Topo y Asfalto daba inicio a un ritual único que incluía disponer los vinilos sobre la cama del dormitorio en un orden previamente establecido que era intocable. Cuando la aguja se posaba en el disco y sonaba el primer carraspeo comenzaba la magia. En 90 minutos cabía un mundo de canciones. Lo mejor de la new wave, los nuevos románticos, canciones de amor del heavy metal, la nueva ola madrileña. Un todo incluido con poco más de dos segundos entre canción  y canción con un ruido de vacío que el dolby stereo intentaba amortiguar. El Nirvana en una cassette y el boli Bic preparado por si la cinta se enredaba en los cabezales.

    La irrupción del CD y de las grabadoras de ordenador dio otro aire al asunto. Menos artesanal, quizá, pero con notables mejoras en el sonido. La limitación de espacio respecto a la cinta de cassette nos obligó a los ingenieros a ser más selectivos o a fabricar grandes misceláneas en varios CD. Me llevó muchas noches en vela elaborar una antología Del punk a la new wave que recopilé en diez discos a modo de legado para generaciones venideras que sólo oyen reggaeton. No he vuelto a escucharlo, pero ahí queda.

    Los últimos estertores del CD nos están abriendo las puertas a un universo casero todavía mayor. Ya no se graban discos para el amigo o la novia; se elaboran listas para el Ipod de tu colega o secuencias para Spotify. La magia es la misma que cuando recopilabas en una C-90 las grandes canciones de los Pegamoides, pero el público es infinito. Y el amor al hacerlo es idéntico al de entonces. Les prometo que no es amor de padre, pero les sugiero que peguen un vistazo a la lista que constituye la banda sonora de este blog. Es algo más que una cinta casera, es el universo insondable y cambiante de la música actual. Hay muchas más, pero puedo asegurarles que el día en que Marte dé señales de vida inteligente, sus habitantes pensarán: “No pueden ser tan idiotas si han hecho estas canciones”.

     

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