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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 05
    Octubre
    2012

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    El manierismo de Muse

    El manierismo de Muse

    Muse, tan líricos como épicos

     

    Llevo varios días escuchando el último álbum de Muse, The 2nd Law, no tanto porque me enloquezca sino porque voy a ver su actuación en Madrid el próximo día 20 y no quiero poner esta cara cuando se arranquen con la traca de bulerías, fandangos y fandanguillos que pueblan los surcos (¿se acuerdan del vinilo?) de su nuevo trabajo. La referencia a los palos del flamenco no es baladí (esto sí es un adjetivo pijo y ácrata, y no el juez Pedraz), porque son tantos los estilos que mezclan los de Devon en The 2nd Law que no se puede decir que se trate de un disco conceptual (¡oh!), sino que lo mismo te descerrajan una al estilo de Queen que a la canción siguiente cierras los ojos y te imaginas a Bono en un estadio de Tampa pidiendo apoyo para los refugiados de Kampuchea.

    A mí me gusta The 2nd Law. Después de varias escuchas no sé muy bien hacia dónde va a ir Muse en su próximo trabajo, pero el álbum no me desagrada, que es lo mismo que decir que Fulano es simpático porque no puedes llamarle guapo. Muse han hecho un disco simpático, te cae bien, lo tienes a tu lado porque pasas un ratito agradable, pero no intentas llevártelo a la cama, y mucho menos le pides matrimonio; pero sí, lo encuentras en una fiesta y le saludas al llegar y te despides de él al marcharte a casa a acostarte con Led Zeppelin IV y casarte con Achtung baby. Un disco de transición, lo llaman. ¿Hacia dónde? Pues ya veremos. Así es el último álbum de estos nuevos reyes del pop, un trabajo sin hilo argumental, aunque muy efectista, más que efectivo, que pasa de la lírica a la épica para regresar a la poesía al cabo de un par de piezas; que comienza con la que podría haber sido un excelente acompañamiento para los créditos de una peli de James Bond (Supremacy) para a continuación embarcarse en algo parecido a los U2 de Zooropa (Madness).

    Las mismas razones que pueden argumentarse para cargarte el disco (esta suena a Queen, esa suena a U2, la de más allá a Pet Shop Boys, la otra a Led Zeppelin) sirven para que se mantenga en el top ten de tu iPod durante semanas. Insisto, no es un álbum grandioso, pero es competente. A quienes tengan el oído acostumbrado desde hace décadas a devorar toda clase de sonidos y estilos, The 2nd Law les va a saber a poco; a los menos iniciados les va a encantar. En el momento de escribir este párrafo estoy escuchando Panic station, que empieza con Queen, sigue con los Zeppos menos rockeros y continúa con algo parecido al Fame de Bowie. Dicho así, mola.

    Y ahora permítanme un poco de cachondeíto sin mala intención. Escuchen Follow me (minuto 1:13), del último disco de Muse, y luego esta otra (minuto 1:05) de un archiconocido artista español (tendrán que abrir el enlace para saber de quién hablo), y díganme si el estribillo no se parece.

    ¿Que por qué he traído a Muse a este blog si, según parece, su último disco no lo voy a llevar a ninguna isla desierta? Porque Muse, como Coldplay, son a esta década lo que los Beatles o los Stones a la de 1960; Led Zeppelin o los Clash a la de 1970; The Cure o los Smiths a la de 1980; U2, Blur u Oasis a la de 1990. Muse son los amos del estadio. Ya han cruzado el umbral, esa frontera del pánico (y del éxito) que separa a las bandas en dos grupos: las que continúan tocando en clubes y las que agotan las entradas meses antes de que actúen en un campo de fútbol. Matt Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolsteholme (el bajista, a quien podemos escuchar llevando la voz cantante en dos temas del disco, Big freeze y Save me) ya son de otra liga, han pasado al segundo grupo. Por eso, si los melómanos esperaban más de The 2nd Law, no deben ni desanimarse ni decepcionarse. Su obra maestra puede estar aún por llegar.

     

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