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Enric G. de San Miguel Gutiérrez de San Miguel Figuera

Trabajador en un hospital.Colaborador de Revista Ulises(edit Liebre de Marzo), Webislam, Instituto de Indología y otros medios, ocasionalmente.Traductor(inglés-español) Free lance.Nací en Mahón,1971.Vivo en Palma

Sobre este blog de Sociedad

Trataré en la medida de lo posible de traer a presencia con la escritura enfoques que no son muy frecuentes en los medios de comunicación, así como traducciones.En la medida en que mi trabajo me lo permita, y no esté muy cansado, trataré de actualizarlo con frecuencia.Posiblemente introduzca fotos h...


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  • 02
    Junio
    2013

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    Una Foto

    Cada día que paseaba por los ghats en Varanasi(Benarés), me encontraba a estas dos niñas. No recuerdo sus nombres.Vendían humildes sourvenirs a los turistas por unas pocas rupias como velas o flores que éstos lanzaban al Ganges para imitar a los hindúes en las ofrendas a sus muertos. Habían llegado hace algún tiempo de una gran urbe india. Tal vez fuera Bombay, o Delhi, o quizás Calcuta. No eran hermanas, sólo compañeras y amigas que la vida había juntado. Sí recuerdo que la más sonriente era huérfana y que ambas estaban lejos de sus hermanos.

    La primera vez que me abordaron , yo hacía poco tiempo que estaba en la ciudad y me encontraba muy bien, expansivo. Dialogamos un buen rato , intercambiando preguntas en una atmósfera extraña, rodeados de vacas y ascetas, de peregrinos y buscavidas, con millones de mosquitos imantados a la raída luminiscencia y a la piel de extranjeros, entre mandorlas sobre las que se proyectaban los ídolos y monos y ranas, con la orilla maldita inhabitada al otro lado auscultándonos, el chasquido proveniente de los albañales se efundía con músicas y sonidos que no parecían formar parte de la tóxica basura acústica que abunda en la mayoría de emisoras de radio.

    Con el paso de los días nos hicimos amigos las niñas y este observador. Nuestros encuentros pasaron a ser un ritual que podía producirse a cualquier hora del día. Como tántos niños con los que me he topado en India, de una manera sempiterna irradiaban alegría y agradecimiento en un fluir armónico y suave aunque las circunstancias no fuesen propicias. En India los niños que no veía en esta actitud o aptitud era debido a que estaban agostados por la desgracia, el hambre o la enfermedad.

    Algún escritor y crítico literario se refirió a la mirada sin dueño para describir la poética de Claudio Rodríguez. Bien, pues esa mirada sin dueño en un plano ontológico se puede contemplar en infinidad de niños y adultos en Asia en general, y en India , en particular. En especial en las zonas rurales aunque no es infrecuente en las ciudades.

    Contemplándolas hoy desde la distancia trato de aprender de su alboreada elevación  en  este impostado y fementido oscurecer de Occidente, no del ser. La ascensión en el descenso, ese bello desafiar a la gravedad-si Dios quiere- con la fuerza del amor o la bendita efusión de la gratitud...

    Hace algunos años una buena amiga asturiana que jamás estuvo en India y a la que probablemente no vuelva a ver, me dijo que sólo podía compartir su tiempo con personas maduras que no hubiesen perdido la inocencia. Con el paso del tiempo creo haber llegado a comprender sus palabras.El método pasaría por la purificación del corazón

     

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