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Enric G. de San Miguel Gutiérrez de San Miguel Figuera

Trabajador en un hospital.Colaborador de Revista Ulises(edit Liebre de Marzo), Webislam, Instituto de Indología y otros medios, ocasionalmente.Traductor(inglés-español) Free lance.Nací en Mahón,1971.Vivo en Palma

Sobre este blog de Sociedad

Trataré en la medida de lo posible de traer a presencia con la escritura enfoques que no son muy frecuentes en los medios de comunicación, así como traducciones.En la medida en que mi trabajo me lo permita, y no esté muy cansado, trataré de actualizarlo con frecuencia.Posiblemente introduzca fotos h...


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  • 22
    Septiembre
    2012

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    Ranakpur, jodhpur. En el tren...

     El camino a Ranakpur a través de sinuosas y proteicas carreteras fue un largo viaje a la India rural. Ranakpur está situada junto a una reserva habitada por lobos, leopardos, gacelas y muchos otros animales. La vegetación es frondosa, tupida. Abundan robles, encinas y árboles rarísimos que no había visto nunca, y cuyo nombre todavía desconozco. Cada pocos kilómetros aparecían a un lado de la carretera norias artesanales empujadas por bueyes blancos, famélicos, que avanzaban rotando. Detrás, sentado- a veces con un niño en su regazo-, un anciano con un turbante y un palo con el que golpeaba al animal, dirigía el artefacto provisto de latas con el que extraía agua del pozo. El sonido era como de cascada minimizada, de armónico chasquido de fuente. Ríos, lagos, valles sobrevolados por águilas...

    Nos detienen un grupo de nómadas rajastanís  montados sobre burros tocando el tambor, muy alegres. El chófer, rezongón, detiene al auto. Las mujeres al vernos ponen su cabeza sobre el suelo y elevan sus cuerpos hacia el cielo, en una danza que se enraizó desde un júbilo salvaje. El chófer maldecía  en Hindi porque no nos dejaban pasar.

    Pasamos el peaje (al menos no va al Estado como en Europa) dando unas rupias y el paisaje se volvió  cada vez más hermoso.Más tarde, nos detendríamos en una modesta casa de campo con cuatro mesas al borde de la carretera, donde vivían dos familias que tenían animales y cultivaban en la ladera de un fulgente valle. Conocí allí un joven aparejador de Delhi, que había venido a ayudar en la construcción de una carretera y viajaba con chófer. Vestía como un tiburón coqueto de Wall Street, War S. A. Me preguntó lugares espirituales de Europa, ya que se casaba pronto e iba a viajar de luna de miel al viejo continente. Iba a bromear, y recomendarle la base americana de Rota, pero le dije Granada, y Asis, lugar éste último donde jamás he estado.

    Retomamos el camino y dos horas después llegamos a Ranakpur.

    Me descalzo para entrar en el templo . Sentí el frescor del mármol ascender desde los pies hasta la nuca. La belleza del templo era difícil de describir, los arcos del exterior acababan en punta estrechándose como estalagtitas. El interior era luminoso y las imágenes, desconcertantes.

    Hay más templos en India que escuelas y hospitales juntos. Uno(no) llega a cansarse de ver templos en India. El centro era un cruce de caminos con unos pocos comercios e hiperpoblado. Como quizás en toda India los cerdos estaban sueltos, y nadie parecía interesado en alimentarse de ellos. Sólo era posible conectarse en un lugar a Internet y estaba averiado. Me recogí pronto, levantándome al amanecer.

    De Ranakpur a Jodhpur. la llamada ciudad azul situada al borde del desierto del Thar. Muchas casas están pintadas de azul. Antaño ese era el signo con el que un Brahman identificaba su casa., hoy muchas casas están pintadas de azul y no viven Brahamanes en ellas. Se fundó en 1459 , en gran medida gracias a los beneficios del opio.  La ciudad vieja era India en estado "puro ". Coloridos mercados, sucia y perfumada. Rosas  y flujo de aguas fecales. Tomamos un delicioso lassi de azafrán junto a unos sadhus en completo silencio. Subimos a pie hasta el Fuerte. La ascensión me recordó  a Ibiza, la penya con sus estrechas calles, y bellas, sigulares casas., sólo que allá el mar era el desierto.

    Decía un buen amigo(hoy exiliado en Fuerteventura) con el que vine por primera vez a este país, que India es  "como un infinito poblado gitano ". De alguna forma, es cierto. Una buena parte de la población vive literalmente en la calle y pasan la noche bajo improvisadas tiendas de plástico, cartones, o excrementos de vaca. Durante el día es frecuente ver dormir a gente  bajo el sol en las calles, entre un ruído atronador. Esto sucede debido a que estas personas no han podido hacerlo durante la noche. Desde que llegara a India, las temperaturas en el norte eran entre tres y cuatro grados más bajas de lo normal, debido a entradas de aire frío del Himalaya. Muchos durante el día buscan madera con la que calentarse durante la noche pero no en todos los sitios puede conseguirse, y además vale dinero. En Delhi me impactó que en todas las calles hubiera hogueras, en muchas de ellas no había iluminación y debías ir con mucho cuidado pues én éstas con frecuencia había zanjas, y agujeros donde podías caerte. Sin linterna , era temerario pasear de noche. En los diarios de India se da cuenta de las personas muertas recogidas en la calle y durante las olas de frío no son pocas.

                                                                             II

    En el tren camino de Varanasi, cumpliendo la promesa formulada a mi mismo  de volver a tomar trenes en India tras las explosiones terroristas del año pasado en India. Allá estaba sobre una litera en un vagón abarrotado de familias indias y un puñado de occidentales. El tren salió despacio de Agra. Vendedores de chai, y policias con el rifle en la espalda pasaban debajo de mi.  Me sentía muy tranquilo, en paz. Había bastante vigilancia. Tal vez porque esa noche pasaríamos por Lucknow, capital del Estado de Uttar Pradesh, donde unos años atrás enfrentamientos entre hindúes y musulmanes dejaron 1500 muertos. Había cenado una deliciosa mezcla de lentejas, arroz, guiso de patata y cebolla cruda.

    El tren si se dispone de tiempo es el mejor medio de transporte para viajar por India. En el tren ves familias de clase media, pobres, muy pobres, hombres de negocios, militares, profesores, turistas, sadhus...Muchos peregrinan a lugares sagrados para los hindués. Pasar por cada estación es recuperar la capacidad de asombro. Uno se pregunta qué extraña facilidad tienen las familias(incluídos  ancianos) para subir al tren en marcha cuando éste ha alcanzado ya una velocidad considerable. Al principio te preocupas pensando que puedan lastimarse seriamente. Más tarde, como esta escena se repite en cada estación, lo acabas viendo con la misma extraña perplejidad con la que contemplas el tráfico indio : incredulidad al principio, para luego desetnocentrizar la mirada y asumir que hay infinitas formas de hacer las cosas, y tal vez ésta sea la más natural. Como casi todo en Asia...

     

     

     

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