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Blog HATI HATI - Enric G. de San Miguel Gutiérrez de San Miguel Figuera

Enric G. de San Miguel Gutiérrez de San Miguel Figuera

Trabajador en un hospital.Colaborador de Revista Ulises(edit Liebre de Marzo), Webislam, Instituto de Indología y otros medios, ocasionalmente.Traductor(inglés-español) Free lance.Nací en Mahón,1971.Vivo en Palma

Sobre este blog de Sociedad

Trataré en la medida de lo posible de traer a presencia con la escritura enfoques que no son muy frecuentes en los medios de comunicación, así como traducciones.En la medida en que mi trabajo me lo permita, y no esté muy cansado, trataré de actualizarlo con frecuencia.Posiblemente introduzca fotos h...


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  • 29
    Noviembre
    2012

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    Puntualizaciones

    Quiero introducir un fragmento de la obra de un sabio árabe, con mínimos comentarios por mi parte, ya que  la entrada de hace dos días se puede prestar a equívocos, en especial a la interpretación que se haga del aforismo de Lichtenberg que cité. El libro se llama Lo Común en la Humanidad de Sarjani, y me baso en las notas que tomé de la traducción que está haciendo mi querido hermano S.

    La historia de los imperios a lo largo de la humanidad se basan en la obtención de recursos de otros pueblos a costa de los intereses generales.Hay muchísimos ejemplos. Uno sería el Imperio Romano con Egipto, por ejemplo, los egipcios incluso dejaron de cultivar los campos debido a las condiciones de semiesclavitud que tenían que soportar por parte de las autoridades romanas.

    El Islam es la única excepción en la historia de la humanidad en que la ley del más fuerte se impone. Esto se debe a la metodología que tiene el Islam de conocer al otro. Por eso, en la casi práctica totalidad de países donde el Islam se extendió, ha permanecido. Los imperios buscan su elevación y perpetuación pero de hecho, si analizamos la historia están precipitándose hacia el abismo. Este hecho anteriormente mencionado de la indiosincrsia islámica de aproximarse y conocer las necesidades del otro es un pensamiento oculto a buena parte de los intelectuales, por lo menos, en Occidente. El interés común que conoce y reconoce al otro. Los líderes imperiales o los que están baso su égida desarrollan políticas para mantener la ignorancia en la gente y promover el patriotismo, la alteridad. Este es un modo de bloquear el intelecto de la población. Si no se puede expulsar a los líderes( algo que están tratando contra viento y marea de hacer ciertos movimientos sociales como el 15-M), la tarea es educar a las gentes. Proponer una teoría al pueblo. NINGUNA  PERSONA NACE MALA POR SU NATURALEZA INNATA. Nos preguntamos , ¿Nace el ser humano malo?. Si nos atenemos a presupuestos de pseudocientíficos occidentales y les hacemos caso deberíamos convenir en que sí. Sin embargo esto no es así. Ningún ser humano nace criminal, todos los seres humanos tienen aptitudes y actitudes para transformarse a través del modelo educativo. Hay un hadiz del Profeta Muhammad, Paz y bendiciones de Allah sobre Él, su familia y sus compañeros, que dice : ' El conocimiento viene cuando uno aprende y aquél que se abre al bien, el bien le vendrá y aquél que teme al mal crea una prevención contra el daño '. El ser humano no tiene ninguna predisposición al mal. Todo viene de la elección.

    Las personas malas o injustas o corruptas han existido siempre. El problema es cuando estos sujetos llegan a ser líderes, cuando llegan a las jerarquías del poder. El pueblo en este caso no es víctima, siempre elige éste a uno de su misma especie. Y sólo los cobardes soportan dictadores. Hay otro Hadiz de RasuluAllah, Paz y bendiciones sobre él que dice :' Como soís, como vaís a estar gobernados '.

    El Corán confirma este Hadiz

    ...

    (54)Buscó el punto débil de su pueblo y le obedecieron, realmente eran gente descarriada

                                                                                                                                43 Sura de los Dorados

    Se refiere al Faraón. La acusación coránica es al pueblo porque lo han aceptado. La obligación de todo pueblo es promover gente justa y capaz como líderes, si esto no ocurre los dos van a pagar el mismo precio. En esta vida y en la próxima. En esta vida

                               (78)      Faraón los siguió con sus ejércitos y cómo les cubrió el mar!

                                                                                                                          20 Sura Ta Ha 20.78

    En el otro mundo:

                                                                          (98)   El día del levantamiento irá delante de su gente y les hará entrar en el fuego Y por qué mala entrada entrarán!

                                                                    11 Sura de Hud . 98

                                                                 II 

    En la segunda parte de estas reflexiones introduzco un fragmento de una conferencia de Agustín Garcia Calvo. Su actitud pública de permanente cuestionamiento y solicitando apoyo y preguntas del público, en mi opinión es la que deberían tener los líderes políticos acostumbrados al aplauso y a cierta infalibilidad... 

    EL MERCADO DE FUTUROS

       A.G.C.— /…/ mis buenos deseos se refieren a que no sé hacer, una vez más, lo  
    que ya está hecho. Esto va a ser parte de la cuestión que vamos a plantear a propósito
    de los mercados y de los futuros. Que no sé hacer lo que está hecho porque esto
    es a lo que, justamente, se dedican, de ordinario, las instituciones tanto políticas
    como económicas como Culturales: hacer lo que ya está hecho, es decir, a una producción
    esencialmente aburrida, en cuanto destinada a cubrir un tiempo vacío que
    va desde aquí hasta el momento de la reproducción de lo mismo una vez más.
    Mi deseo es, pues, que esto no sea así, sino que haya algo de imprevisible que ni
    los organizadores, ni nadie, sepa de antemano respecto a lo que aquí vais a hacer, a
    decir o a pensar los que os reunáis. Hay siempre una posibilidad de no caer en este
    proceso, de hacer lo hecho, decir lo dicho y pensar lo pensado, hay siempre una posibilidad
    gracias a que el sistema no es perfecto, no está bien cerrado, sino que deja
    estos resquicios de posibilidad. Y mis buenos deseos para el foro se refieren a que
    consista él en uno de estos resquicios, en el aprovechamiento, con la mejor mano y
    la mejor suerte, de estos resquicios, que, en contra de sus ideales y de su voluntad,
    el estado y el capital no pueden menos de dejar abiertos de cuando en cuando.
    Estas palabras de buenos deseos, como os decía, sin embargo, entran, de cierto
    modo, ya en la cuestión, en la cuestión que se ha enunciado así, con el título de «El
    mercado de futuros», del que acaba de informaros Miguel Cancio, como una supuesta
    novedad en el ámbito de las teorías económicas. Muy bien acogida, por lo
    que habéis oído, respecto a premio nobel por los de arriba, por el capital y el estado.
    Yo no conozco bien esta teoría y, por tanto, no voy a dedicarme de una manera
    concreta a analizarla, sino que la voy a tomar, simplemente, como ejemplo, tal vez
    un poco exagerado o un poco descarado, de lo que constituye la normalidad en
    nuestra política y economía, de los países desarrollados, en los cuales, por cierto,
    una de las características es que ambas cosas, política y economía, están confundidas
    en una misma.
    Es la confusión progresiva a la que, una y otra vez, vengo aludiendo entre estado y
    capital. Todavía, en formas más atrasadas del desarrollo, se podía pensar en una se3
    paración seria entre el uno y lo otro, entre la economía, que correspondía al capital,
    y la política, que correspondía al estado. Hoy es un atraso culpable seguir pensando
    así, en esa separación.
    En el desarrollo en el que estamos, en el sumo grado de desarrollo en que nos encontramos,
    no hay más política que la economía. Lo que en decenios pasados se
    decía, «muerte de las ideologías», y otras cosas más o menos vagas, viene a reducirse
    a esto: la economía se ha vuelto política. Aquello que en las fórmulas del viejo Marx
    era base, los procesos económicos, y que se oponía a supraestructura, incluida en la
    supraestructura no sólo la Religión y las Filosofías, sino también el propio aparato
    político, ha quedado derribada por el desarrollo mismo de estado y capital. En efecto,
    es como si la base hubiera ascendido a la condición de supraestructura, por seguir
    empleando los términos marxistas, y fijaos lo que esto lleva consigo, como si la
    base hubiera quedado ascendida a la condición de supraestructura.
    Esto quiere decir, al mismo tiempo, que la economía es la única verdadera política,
    que las únicas ideas dominantes son las ideas de los mercaderes sublimados, elevados
    al poder. Pero, al mismo tiempo, quiere decir que la economía se ha vuelto algo
    típicamente supraestructural, es decir, que ha desnudado, ha denunciado el carácter
    ideal que le corresponde al dinero y a la economía, por tanto.
    Ésta es, pues, la primera observación respecto a la situación actual a la que quería
    traeros. En esto, como en lo demás, si por lo rápido de las formulaciones algunas de
    ellas se os escapan, o si tenéis la tentación de trivializarlas, de reducirlas a un lenguaje
    más acomodado a vuestra manera habitual de pensar, os ruego que, no sólo
    esperéis al coloquio final, sino que me interrumpáis en las pausas que haga y me digáis:
    “¿Eso que está usted diciendo es exactamente esto o no es esto? ¿He entendido
    bien, he oído bien, o, por el contrario, es que ha dicho usted una cosa que se parece
    a otra que yo ya sabía antes y que a lo mejor es la misma o no es la misma?”, en fin,
    ese tipo de discurso. Estoy solicitando, como siempre, vuestra colaboración en esta
    función, no como personas sino precisamente como público. De manera que, precisamente
    para eso, si alguno tiene dificultades personales para entender algo de lo
    que se dice, porque ya tenía él sus ideas respecto a la cosa, que las saque al tapete
    cuanto antes, aprovechando las pausas que haga. Eso saldremos adelantando.
    Respecto a este proceso, lo primero que quiero haceros observar es la dignidad
    que el mercachifle alcanza en esta forma sumamente desarrollada de capital y estado.
    Todos tenéis imaginerías históricas respecto a otros tiempos, respecto a formas más
    atrasadas del sistema, referentes a épocas más o menos medievales, o más o menos
    burguesas, de los tiempos de la dorada burguesía. En esas imaginerías todos sabéis
    que el mercachifle figura en una cierta degradación siempre. El que se dedica al
    cambalache, al transporte, incluso en sus formas más dignas como el flete de barcos,
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    en las formas más dignificadas del comercio, ocupa, con respecto a las figuras que
    podemos decir dignas, las figuras de los señores, una posición desmedrada, relativamente
    baja, puede ser objeto fácil para el chiste de los cómicos y para la burla de
    los ciudadanos.
    No digamos aquellas formas que son las que más nos interesan del mercachifle, que
    son las del usurero, es decir, aquel que, adelantándose a los tiempos, ha conseguido
    que la mercancía verdadera, que es el dinero mismo, haya reemplazado a las otras
    mercancías, y se dedica a hacer cosa de su negocio, del dinero precisamente. El usurero,
    en estas imaginerías históricas que tenemos, está, evidentemente, cuando no
    denigrado, por lo menos puesto en entredicho. Recordáis la figura de Shylock, de
    Shakespeare, en El mercader de Venecia, por ejemplo, como un caso típico. En este
    caso, como recordáis bien, es el usurero, el judío Shylock, quien queda contrapuesto
    a la figura, todavía dignificada en el propio Shakespeare, de Antonio el mercader
    de Venecia, el mercader honrado y que, por ello mismo, adquiere una cierta aproximación
    a la nobleza.
    En todo caso, ésta era la situación del mercachifle, y del caso extremo de mercachifle
    que es el usurero, en otros tiempos. Pero ¡qué lejos estamos!, ¿verdad?, ¡qué
    lejos estamos de esto! No sé si os habéis dado cuenta, pero, por si acaso no os habéis
    dado cuenta lo bastante, quiero haceros constar la dignidad del mercachifle en
    nuestros días. Es la primera observación trivial, de sentido común, como todas las
    que haré con vosotros, pero, por ello mismo, por ser de sentido común y perogrullesca,
    conviene repetirla una y otra vez. ¡Qué cosa hay más digna hoy día que el
    mercader y el usurero! Apenas hay otro grado en la escala, en los países desarrollados,
    que pueda comparársele. Y no sólo las personas, es que la ocupación mercantil,
    la ocupación del intercambio de cosas y del intercambio dinerario, se ha convertido,
    como si dijéramos, en el nombre mismo de la ocupación real y, por tanto, adquiriendo
    así el grado máximo de dignidad entre las ocupaciones.
    Recuerdo el otro día, en un restaurante, oyendo a una mesa de al lado de cuatro
    señores, bueno, los llamo señores, en realidad el término es arcaico, quiero decir
    cuatro ejecutivos apenas maduros, es decir, hombres de unos cuarenta años, una
    cosa así, ¿no?, les oigo hablar, las cuatro corbatas inclinándose doctamente sobre el
    plato, o levantándose, y les oigo hablar de cosas muy interesantes, de cuestiones
    morales, comentando: «Yo, a Fulano, la verdad, es que desde el punto de vista técnico
    pienso que puede ser muy apreciable y no voy a ponerle ningún pero, pero
    desde el punto de vista de su catadura moral —decía—, la verdad es que encuentro
    que peca, un poco demasiado, de personalismo» y así, por el estilo, un largo rato,
    respecto a Fulano y a Mengano y a otros cuantos, y de ahí pasando a lo que se llaman
    filosofías, a filosofías respecto a la intervención de la persona y de sus ideas y
    de su actitud moral en relación con las técnicas, y la posible contraposición entre
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    técnica y moral, o entre moral y técnica. Tardé un largo rato en darme cuenta de
    que se estaba tratando de una empresa de marketing, es decir, que se estaba tratando
    de algo referente a la compraventa y a los procedimientos de compraventa de ese
    producto que es, justamente, la compraventa, porque eso es marketing, ¿no?, es decir,
    una especie de tendero de segundo grado en el que, en efecto, el producto está
    constituido como objeto por el proceso mismo mercantil de los grados inferiores.
    Pues toda esa filosofía, todas esas consideraciones morales respecto a fulano y mengano,
    que se hacían con tanta seriedad y con tanta aparente sensatez, estaban destinadas
    a eso: se referían a las condiciones que para la empresa pudiera tener fulano o
    mengano, y hasta qué punto para la empresa era conveniente, o no, su catadura
    moral, y ello en competencia, o en contradicción, con su preparación técnica.
    Emplear el término filosofía no es una cosa que yo invente. Lo estáis viendo todos
    los días. Las empresas tienen su filosofía, hace mucho tiempo ya, lo mismo que
    también los ministerios, por supuesto, un nuevo ministerio viene con su filosofía y,
    por supuesto, una banca viene con su filosofía, y una empresa de marketing viene
    con su filosofía; y, como nosotros seguimos aquí la táctica de que cuando el enemigo
    emplea una palabra hay que abandonársela, no hay que empeñarse en conservarla,
    pues filosofía quiere decir eso, eso para lo que ellos la usan, no quiere decir ninguna
    otra cosa.
    Esto os da una idea de la suma dignidad, esta conversación, tan digna y tan respetable,
    os indica hasta qué punto, en efecto, el mercachifle y el usurero han ascendido
    a los grados de la suma dignidad en nuestra sociedad. Todo el mundo parece reconocer
    como si esa ocupación de dedicarse a vender cosas unos a otros, y después
    a desarrollar procedimientos de publicidad para esa venta, y después a desarrollar filosofías
    acerca de los procedimientos de vender cosas unos a otros, fuera la ocupación
    por excelencia. Apenas encontraréis a nadie que pueda poner en duda esto.
    Si queréis una muestra universitaria pues, ya sabéis, que hace ya unos años que tenemos
    una facultad de ciencias empresariales. Ya estaba bien con tener una de ciencias
    políticas y económicas, en la cual, por cierto, en Santiago, he tenido ocasión de
    intervenir, como ámbito, más de una vez, pero no, hay ciencias empresariales. Es
    decir, que ahí el estado refrenda, de una manera clara, esta dignidad de que vengo
    hablando del proceso mercantil.
    Si queréis otro modelo en la forma del comercio por excelencia, que es la banca, ya
    veis, que, si uno se pone a hacer paralelos con la religión de otro tiempo, nada hay
    que encuentre más parecido a las catedrales y a las pirámides como los edificios de
    la banca en nuestros días, y no sólo en cuanto a la grandeza del aspecto exterior
    sino también en cuanto al lujo. Es cierto que es posible que las bancas de hoy día
    sean menos lujosas que las de hace veinte años, en esto se revela una cierta contradicción
    en el proceso mismo, pero en eso no quiero por el momento detenerme
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    demasiado. Lo cierto, es que también la propia grandeza y lujo de los edificios os
    muestra lo mismo que estoy diciendo.
    Y recordad, que, aunque lo que estoy diciendo lo digo de los mercachifles en general,
    el usurero ha venido a ser el mercachifle por excelencia, en el sentido de que las
    otras mercancías, como es lógico y espero ayudaros a verlo ahora, las otras mercancías
    han venido a reducirse todas a esta sola mercancía que es el dinero. Aquella que
    era la cosa de las cosas, utilizable para el intercambio, ha venido a ser, realmente, la
    cosa única, en el sentido de que todas las demás vienen a ser también formas de dinero.
    No me estoy refiriendo sólo a los casos de inversión, en los cuales, es muy
    evidente, que una joya que no se usa para nada, o un cuadro que tiene determinada
    firma, que ha alcanzado un alto precio —la firma quiero decir— en el mercado, es
    una forma de dinero como otra cualquiera, la joya o el cuadro, sino que me estoy
    refiriendo a casos más extremos. Los productos agrícolas son un mero pretexto, una
    mera máscara de dinero. La banca le promete al agricultor créditos para la cosecha
    futura, de tal manera, que lo que está naciendo en los campos, directamente, en lugar
    de remolachas o trigo, pues son billetes de banca, es lo que se está realmente
    produciendo.
    Y en todos los demás casos las cosas quedan vacías de cosa y vienen a ser meras
    máscaras de dinero. Dicho desde el otro lado: el dinero viene a convertirse en la
    única cosa verdadera. Y es, por tanto, muy lógico que mientras siguen perviviendo
    las otras formas de organizaciones mercantiles, tiendas más o menos modestas o supermercados,
    sin embargo, sobre ellas domine la banca, la tienda por excelencia,
    que viene a reemplazarlas en muchos casos. Todos conocéis en las grandes urbes,
    por ejemplo, cantidades de cafeterías, restaurantes o tiendas reemplazadas por un
    nuevo establecimiento bancario. Esto os revela, un poco, la dinámica de las fuerzas
    dentro del tráfico mercantil en general...                           

     

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