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Blog En campaña - Daniel Capó

Daniel Capó


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  • 14
    Diciembre
    2015

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    En el ecuador

    Llegados al ecuador de la campaña se puede realizar un primer recuento de altas y bajas. No hay ganadores claros, aunque sí algunas tendencias manifiestas. Cae un nombre indudable: el de Pedro Sánchez. El PSOE es víctima de una coyuntura endiablada y del escaso carisma de su líder, una figura plana y todavía por hacer. Sus ideas no llegan ni resultan creíbles. El mensaje queda desdibujado. Algunas encuestas hablan ya de un PSOE confinado a sus feudos del sur y en claro proceso de derribo en las grandes ciudades, donde se puede convertir en la tercera o cuarta fuerza política, algo impensable hace sólo unos años.

    El legado de Zapatero en gran medida, pero también las consecuencias de una estructura de poder y un mensaje contradictorios. Pedro Sánchez no conecta ni con los partidarios de reformar la vieja política –la España de Bertín– ni con los que desean hacer tabula rasa –la España de Jordi Évole–, sino que se ha quedado en tierra de nadie, falto de credibilidad. Su escenario postelectoral resulta también complejo: ¿una gran coalición con el PP para dotar de estabilidad a la reforma constitucional? ¿Una alianza con Podemos y su discurso rupturista? ¿Con Ciudadanos? En cualquiera de estas posibilidades sale perdiendo. Sánchez es el gran derrotado de la primera semana de campaña.

    El vencedor, al menos en cuanto a movilización e impacto de sus mensajes, sería Pablo Iglesias que, tras unos meses retirado de la primera línea, ha regresado con enorme fuerza. Su discurso en contra de los privilegios de la casta y el impacto de su oratoria, siempre teñida por la facilidad propia del populismo, arrasa en las redes sociales. A su favor juega la falta de pasado como gestor. Sin excesivos borrones no es difícil jugar permanentemente al ataque, sobre todo en un contexto de crisis económica y política. Desde el debate a cuatro, Podemos ha logrado movilizar a su electorado, canibalizar el voto del PSOE y de parte del nacionalismo antisistema.

    En una situación más neutra se encuentran el PP y Ciudadanos. Rivera arrancó con gran fuerza, pero se detecta ya que está tocando techo. Estuvo demasiado nervioso en el debate, dando la sensación de falta de veteranía, y ha cometido algunos errores evidentes, como un exceso de exposición mediática en los meses previos a la campaña. También le perjudican las escasas expectativas electorales que se le presumen en algunas autonomías decisivas, como el País Vasco, Andalucía y Navarra. A día de hoy cuesta creer que logre encaramarse a la segunda posición, aunque nada se pueda descartar. Sean cuales sean los resultados finales, no cabe duda de que se ha convertido ya en el gran partido liberal-centrista que nunca ha terminado de cuajar en nuestro país.

    Finalmente, el PP está activando sus bases tradicionales de voto, cada vez más envejecidas, pero seguras. Rajoy ofrece la imagen de senior frente a los tres candidatos de la generación de los 70 y juega descaradamente a cultivar este perfil: veteranía, equilibrio, sosiego, incluso nostalgia de cierto paternalismo. Rajoy no da sorpresas –ni buenas ni malas- y ése es el valor que vende el PP: pensiones y nóminas de funcionarios garantizadas, leves rebajas de impuestos, kilómetros de AVE… Y no debemos olvidar que, para muchos ciudadanos, sobre todo a partir de una cierta edad, la ausencia de sorpresas ya es de por sí una magnífica noticia.

     

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