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Ana Vega

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. De ahí nace este blog, para tratar de comprender la situación del mundo actual. Una pequeña selección ...

Sobre este blog de Sociedad

En este blog encontraréis crónicas sobre mis vivencias en los países conflictivos que he tenido ocasión de visitar. Escribiré sobre la situación de los refugiados sirios en Jordania, sobre la coacción de las grandes multinacionales en los países árabes, las condiciones paupérrimas en las que viven d...


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  • 28
    Enero
    2014

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    Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla

    He querido empezar citando a Gilbert Keith Chesterton, Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es una maravilla, porque, a pesar de lo trágico de lo que detallaré a continuación, la inocencia de los niños es tan mágica que hasta lo dramático se convierte en algo enternecedor.

    Hoy me gustaría dedicar este post al documental La espalda del mundo, dirigido por Javier Corcuera. Este metraje producido en el año 2000 por Elías Querejeta incide en la problemática de la explotación infantil en Perú. El hilo argumental del documental es la figura de Guinder Rodríguez, un niño que sufre en sus propias carnes esa experiencia. Trabaja de picapedrero para ayudar a su familia, ya que suelen componerlas muchos miembros y un único sueldo (si existe), es insuficiente para el sustento del conjunto. Ello obliga a los niños a trabajar desde edades tempranas. De hecho, trabajar como picapedrero es una realidad que los niños peruanos aceptan como cualquier adulto. No obstante, exige un esfuerzo físico que muchos niños no son capaces de soportar y además no se compensan con una dieta adecuada para semejante sacrificio.

    En mi opinión, estos niños no han tenido infancia, entendida como etapa de receptividad, puesto que aportan más que reciben. Cuando en realidad deberían recibir amor y estímulos tanto de sus familias como de cualquier persona adulta con la que interactúen. Lo más fascinante del documental de Corcuera es que cada uno de los niños tiene sus sueños y no dudan en absoluto de que se vayan a materializar. En definitiva, quizá la inocencia de la infancia hace que cualquier cosa sea una maravilla, incluso el trabajo.

     

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