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Pilar Garcés


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  • 17
    Octubre
    2013

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    Un rey con efecto Streisand

    El jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, considera que don Juan Carlos se halla “indefenso” ante las informaciones de un medio digital y pide amparo a una entidad periodística totalmente incompetente en el asunto. Una acción estrafalaria que va a dar más difusión a la noticia que pretende acallar.

    Que la futura ley de Transparencia que el Gobierno pergeña de tapadillo nos coja confesados. La Zarzuela, que últimamente divierte bastante con su política de comunicación, ha tenido una ocurrencia bien insólita: ha pedido “amparo” a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ante la “indefensión” que sufre don Juan Carlos a causa de una información publicada por el diario digital El Confidencial. Como lo leen. Los autores de las famosas “cese temporal de la convivencia” y “la infanta Cristina se va a vivir a Ginebra, mientras su esposo permanece en Barcelona por lo que la justicia pueda necesitar” consideran maltratada lo que una folclórica definiría como “mi verdad”. Su real verdad. No solo no tenemos derecho a saber a dónde va Letizia en esas vacaciones privadas que sufragamos vía impuestos, sino que además no podemos deambular por los pasillos de palacio y escuchar tras la puerta sin permiso. Por si no contaba con suficientes frentes abiertos, el monarca sigue los pasos de Carolina de Mónaco en su cruzada contra la prensa, salvo cuando a ella le da la gana de posar para las revistas. No sé si la Casa del Rey tiene Wi-Fi, parece que no, pero ya le adelanto que luchar contra un medio de internet con un recurso a una Federación a la que ni pertenece, cuyo comité de ética se reunirá para la mediación y emitirá su veredicto (solo moral, no vinculante) en 20 días es como tratar de tuitear con la imprenta de Gutenberg. 20 días en la red son 20 años en tiempo real, eso lo sabe hasta Isabel II, quien sí  posee una web en condiciones.
       
    Pero, ¿y qué rayos ha dicho El Confidencial para despertar de la siesta a la corte en pleno? A mí se me había pasado por alto la afrenta, pero cuando el Telediario pelotilla dio la noticia del jefe del Estado “desamparado” e “indefenso” me lancé a buscar. Ha publicado que don Juan Carlos está empeñado en ir a la Cumbre Iberoamericana en Panamá, contra el consejo de sus médicos y asesores, cosa que ya ha sido comunicada al Gobierno. Oh, qué decepción. Resulta interesante, pero pensaba que era algo, no sé, más incendiario. Sobre la abdicación, o alguna herencia, o un divorcio. Cuando una noticia pasaría desapercibida, pero que por el deseo de ocultarla de sus protagonistas se convierte en una bomba informativa, se dice que ha sufrido el efecto Streisand. Se bautizó en honor a Barbra Streisand, que un buen día vio una imagen aérea de su casa sin identificar en la página de un fotógrafo y se empeñó en que la retirase para proteger su derecho a la intimidad. Se armó tal revuelo que la estampa fue comprada y reproducida a diestro y siniestro cuando nadie había reparado en ella.     

    Si antes de enviar su burofax a la FAPE, los fenómenos de La Zarzuela hubiesen consultado con Mariano Rajoy, a buen seguro este les hubiese disuadido. Él conoce el efecto Streisand porque protagonizó uno bien documentado y descacharrante. Cuando en el fragor de un acto electoral pronunció la mítica frase “¡viva el vino!”, el PP divulgó el vídeo y luego lo retiró al percatarse de su efecto demoledor sobre la imagen del estadista. En cuanto se supo de la censura, la Sexta, que también había grabado el momento piripi, corrió a emitirlo, tantas veces que se ha convertido en un símbolo con miles de descargas. Lo que importa es lo que queda. O sea, que a Rajoy le gusta el vino, y el rey quiere ir a Panamá y no le dejan.

     

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