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Pilar Garcés


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  • 05
    Noviembre
    2013

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    Un palacio para Paris Hilton

    Nadie quiere la mole a medio construir en la entrada a Palma. Las obras del Palacio de Congresos se reanudan el mes entrante, pero aún no se ha conseguido un inversor interesado en su explotación. Más dinero público con propósito incierto.

    El enésimo concurso para deshacernos de una vez del nonato Palacio de Congresos de Palma ha quedado desierto. Hombre, sorpresa, lo que se dice sorpresa no ha causado la enésima muestra de la incapacidad de la administración de gestionarle una salida digna a un bodrio demasiado grande y demasiado caro para esta pequeña isla de la calma. Así, sigue siendo nuestro y solo nuestro este particular primo hermano del inoperativo aeropuerto de Castellón, a un tiro de piedra de la Catedral y la Almudaina. Muerto de asco y sirviendo de nido a las gaviotas. Mira que esta vez nos habíamos hecho ilusiones, cuando mencionaron que quien se había interesado por hacerse cargo de la mole y su hotel anexo era la marca Hilton. Recordamos que la mismísima Paris Hilton acudió hace unos veranos a un evento patrocinado por una marca de bebidas gasificadas en la playa de Can Pere Antoni, antes de instalarse definitivamente como dj en Eivissa, y pensamos, qué caray, lo mismo la rubia heredera se enamoró de la zona, y sus matorrales, y sus bloques circundantes y su autopista, y le pidió a papuchi que comprara algo por aquí. Mas no. Ni Hilton, ni oferta en firme, ni caniche que nos ladre. Por algún motivo que se nos escapa la mole que saluda al visitante a la entrada de la ciudad no tiene tirón.
       
    Aunque nadie lo quiere, el ayuntamiento y el Govern han garantizado que las obras del Palacio se reanudarán este mes que empieza. Eso está bien si imaginamos en qué podría llegar a convertirse semejante mamotreto en estado de abandono total. Pero tal vez la falta de aprecio por parte de quienes se dedican a ese negocio esté demostrando que no tiene que ser. Y en ese caso lo razonable sería apearse cuanto antes de un proyecto que ya ha enterrado docenas de millones de euros públicos. Eso, o armar una oferta válida de verdad tocando a las puertas de los empresarios que componen la masa social predilecta de los conservadores que nos gobiernan, obligándoles a sacar adelante este gran fiasco como agradecimiento por los servicios prestados. Alguna contraprestación tiene que tener el gobernar por y para los hoteleros. Pero eso sería hacer lobby, alta política, gestión de la buena, y eso aquí no se lleva.

    Va camino de terminar la legislatura y no se ha movido un clavo en la Playa de Palma, y el esqueleto de ballena gigante que es el Palacio de Congresos sigue varado junto a Gesa sin que nadie ni remotamente se comprometa a darle uso. Constatamos que el diligente responsable de ambos asuntos sigue funcionando porque el martes apuntó en las redes sociales que llovía a mares en la calle Aragón. Pero poco más de utilidad hace el concejal. Para colmo de males, al malabarista que entretiene a los automovilistas atrapados en los sempiternos atascos ante el gigantesco edificio en construcción le quedan dos telediarios. Tendrá que irse con su función a otra parte, pues así lo recoge la ordenanza de la convivencia que penaliza a los artistas callejeros. Vaya por Dios, para una mínima actividad económica que se registraba en semejante desierto de cemento, resulta que es ilegal.

     

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