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Pilar Garcés


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  • 05
    Octubre
    2011

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    Su señoría y una zorra

    El juez Juan del Olmo ha dictaminado que llamar ´zorra´ a tu exmujer no constituye menosprecio o delito, sino que muestra la intención de quien profiere dicho término de comparar a la interfecta con un animal "que debe actuar con especial precaución". Aunque no soy bióloga como Ana Obregón, distingo una astuta zorra de un lince perspicaz o una listísima ardilla, y coincido con la sentencia en que la víctima de la palabreja haría bien en mostrarse precavida, pues la Audiencia Provincial de Murcia ha absuelto con este argumento tan capullo (tómese ´capullo´ como sinónimo de novedoso, pues significa ´algo que está en sus comienzos y ya muestra lo que puede llegar a ser´) a un tipo que le dijo además que deseaba verla "en el cementerio en una caja de pino". A no ser que por ´caja de pino´ no debamos entender ´ataúd´, sino una pequeña vivienda de protección oficial decorada con muebles de dicha madera.

    Así las cosas, el fallo de un juzgado de lo Penal de un año de cárcel por un delito continuado de amenazas y malos tratos en el hogar queda anulado y reducido a un chascarrillo por obra y gracia de la polisemia. Para que luego digan que no sirve de nada estudiar letras. Las leyes suelen hacer un flaco favor a las mujeres que sufren la violencia de género, y ahora encima los encargados de interpretarlas lanzan diccionarios de tres tomos contra las cabezas de quienes la denuncian. Sería un chiste, pero al juez Del Olmo no parece un tío cachondo precisamente. Muy por el contrario, tiene la pinta de un señor serio dispuesto a epatar con sus conclusiones rancias y a copar los titulares de la prensa, aunque sea a costa de beneficiar a los cobardes que acosan por teléfono y en persona, e insultan reiteradamente a una madre ante su hijo. Aunque sea a costa de declarar ´zorra´ a una mujer. Para cuando una instancia superior constate que la sentencia de marras es una chorrada, léase ´algo de poca entidad´, su autor ya habrá tenido su minuto de gloria, aunque no precisamente donde se merecen sus metáforas, que es en el concurso de juegos florales de su pueblo.

    Si yo fuese la ciudadana ´zorra´ en cuestión no recurriría la delirante ´deposición´ (interprétese el término en cualquier sentido) de Juan del Olmo. La dejaría correr, a ver si deja poso, y sienta precedente y cunde por toda España, hasta que en unos años muchas hijas, madres, novia, abuelas y hermanas de jueces, y también innumerables juezas, sean comparadas con el astuto animal y así se forma un espontáneo frente popular de señoras hartas de oírse decir ´zorras´ en plan cumplido por la calle. Añorando ser ´personas´, en su doble acepción de ´individuos de la especie humana´ y ´sujetos de derecho´. Más astutas o menos, señoría, que eso en realidad lo mismo da.

     

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