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Pilar Garcés


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  • 23
    Agosto
    2012

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    Se buscan Tenorios

    El Teatre Principal de Palma no encuentra un actor profesional mallorquín que quiera encarnar al don Juan de Zorrilla. De momento se está llevando las calabazas que no acumuló el insigne conquistador de ese clásico que tanto gusta a los actuales dirigentes de las centenarias tablas isleñas, ¿no es verdad, ángeles de amor? No dan con el perfil del periclitado caballero galante, y mira que existe paro y desesperación en esta apartada orilla del sector de la interpretación. Solo quedan un par de meses para que la insigne institución pública nos propine esa producción, que en otros tiempos fue señal de que aproximaba el Día de Difuntos, y que en la actualidad anuncia que todos los días son el Día de los Difuntos Escénicos, y no hay un tío de pelo en pecho que se lleve al huerto a la novicia. ¿Es la invasión de los metrosexuales en el teatro balear, un boicot al macho alfa del siglo XVI por parte de nuestros queridos cómicos del XXI? Vamos a tener que recurrir a algún amateur  que quiera dejarse barba, o hacer un reality en IB3 en plan Operació Tenori. Si contáramos con gestores vanguardistas se atreverían con un travesti. Pero si contáramos con gestores vanguardistas programarían como clásico a Darío Fo y no a Zorrilla.

    Yo tengo dos nombres que pueden cumplir con las exigencias de una producción propia del Teatre Principal para hacer este burlador de Sevilla: no son actores de carrera sino aficionados, les gusta epatar y que les escuchen, se creen guapos y listos, desprecian a las mujeres y tienen una idea de la justicia y del sexo muy particular. Son políticos, motivo por el cual se crecen con los abucheos y los tomatazos, y no digamos con el aplauso, si llega el caso. Van un poco liados, pero seguro que harían un hueco en sus agendas para resucitar a ese compañero seductor que los progres del mundo habían logrado casi exterminar, o como mínimo reducir a la comedia romántica, con ligones como Matthew McConaughey que al final se arrepienten. El primero es el congresista norteamericano del Tea Party Todd Akin, que en el marco de su campaña electoral hacia el Senado ha querido dejar clara su oposición al aborto por la vía de distinguir entre violaciones “legítimas” y “otras”. En su peregrina opinión y en aras a alguna biología extraplanetaria, si se produce una agresión “legítima” el cuerpo de la mujer se cierra con sus propios mecanismos y no se da el embarazo. De modo que si hay concepción no existió delito. Desde el mismo Partido Republicano le han pedido asqueados que se largue, pero él no quiere porque, afirma, sus tesis “conectan con la gente corriente”. Con el público. El presidente Obama, siempre clarividente, ha dicho que el tipo “demuestra que las decisiones sobre la salud de las mujeres no deberían tomarlas un grupo de políticos, en su mayoría hombres”. Lo que nos lleva al segundo candidato a Tenorio en el Principal: Alberto Ruiz Gallardón. El ministro de justicia español todavía no ha entrado en harina del aborto tras una violación, pero lo tendrá que hacer una vez que anunció la desaparición del supuesto de daños graves en el feto para interrumpir el embarazo. No van a disfrutar de menos derechos esas otras vidas sanas en proyecto, provengan o no de una agresión. La insistencia en desterrar la libertad de la mujer para decidir sobre su maternidad cuadra a la perfección con el donjuanismo y su anulación de la voluntad femenina, que es tan voluble. Yo sé lo que te conviene, doña Inés del alma mía.
    No dirán que no ayudamos. Cualquiera de los dos se pondría la espada al cinto en un periquete. El personaje la lo interiorizaron hace mucho tiempo, no les hace falta ningún método.
     

     

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