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Pilar Garcés


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  • 07
    Julio
    2014

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    Precios populares

    Unos 300 comercios aceptarán la ´tarjeta azul´ del PP y harán descuentos a los conservadores que la presenten. Nadie puede reprochar a los consumidores no afiliados a las siglas de Rajoy que miren por sus intereses y gasten su dinero en establecimientos que no les discriminen.

    En efecto, me apresuré a buscar el listado de comercios de Palma que harán descuento a los militantes del Partido Popular que posean su ´tarjeta azul´, y no por curiosidad, sino para actuar en consecuencia y no volver a pisar ninguno de ellos. Creo que cualquier organización de defensa de los consumidores, salvo las oficinas dependientes de las instituciones gobernadas por los conservadores en esta isla, aplaudiría mi iniciativa de compradora consciente de sus derechos. Muy simple: si en un establecimiento discriminan a sus clientes por su adscripción política, y tú no te encuentras entre los potenciales beneficiados, será muy estúpido por tu parte no buscar una alternativa en el mercado. Porque, además, las inevitables leyes de la compensación que gobiernan una pequeña empresa, una mediana o una grande, indican que si recortas tu ganancia de un lado deberás rascarla por otro. O sea, que si en el bar de mi barrio donde durante décadas me he tomado una caña ahora le hacen precio de amigo a los de la mesa de al lado por el hecho de compartir ideología con José Ramón Bauzá, muy probablemente a mí me cobrarán unos céntimos de más para equilibrar la cuenta de resultados. Salvo que los empresarios adscritos al chollo popular hayan decidido sacrificar sus beneficios por el bienestar de los militantes de derechas, cosa que me extrañaría bastante. Nótese que hablo de afiliados, no de votantes, y el distingo no resulta baladí, pues a toda formación política le conviene aumentar el número de personas que abonan religiosamente sus cuotas.

    El cliente siempre tiene la razón, salvo si no está apuntado en la base de datos del PP. En ese caso, cuando mira por su bolsillo es un "nazi" que maltrata a quienes libremente han decidido favorecer a una parte de sus parroquianos, y no a todos por igual. Lo dijo la portavoz conservadora Mabel Cabrer, con una comparación tan desgraciada que le urgiría buscar en el listado de los precios populares alguna librería amiga y comprarse una enciclopedia de historia con descuento, a ver si aprende algo sobre genocidios. En el conjunto de comercios adheridos a la ´tarjeta azul´ no hay ninguna, pero claro, se trata de un catálogo provisional, y tal vez por eso tampoco se encuentra la farmacia del president. Ni algunas grandes empresas que abiertamente han colaborado desde hace años con el PP. Tal vez se han dado cuenta de que no corren buenos tiempos para ponerse estupendos, y que pueden hacer las donaciones que quieran con su dinero, pero no con el de los clientes.

    La ´tarjeta azul´ del PP no se ha impulsado en ninguna otra autonomía, por algo será. Tal vez tenga que ver con eso que dice la Constitución de garantizar la libertad ideológica, religiosa y de culto de los españoles. Sindicatos, colegios profesionales, asociaciones e incluso empresas consiguen descuentos colectivos para sus miembros, pero la gran diferencia estriba en que dichas entidades no gobiernan, no hacen las leyes, no ordenan su cumplimiento y no pueden beneficiar de ninguna manera con cargo al erario público a los establecimientos que se portan bien con sus asociados. Ni tampoco perjudicar a quienes se niegan a discriminar positivamente, que haberlos hay los. Por lo demás, soy clienta (por no decir fan) de un par de tiendas cuyos propietarios votan al PP y defienden su gestión en público. No los he visto en la lista azul de discriminadores, así que pueden seguir contando conmigo.

     

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