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Pilar Garcés


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  • 22
    Marzo
    2012

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    Nosotras que éramos tan ‘Sexo en Nueva York’

    Quedamos las chicas en uno de esos restaurantes de mesas altas donde comes encaramada a un taburete porque crees que la informalidad se reflejará en la cuenta, aunque al final solo lo hace en tus cervicales. Rechazamos la carta de vinos como si fuese la revista Atalaya y pedimos el tinto de la casa, que sabe tan fuerte que nos asusta la perspectiva de una nueva pata de gallo después de cada sorbo. Merche dispara un primer brindis:
    –Por favor, no hablemos de la crisis. Estoy harta de hacer números. Además, últimamente me ha desaparecido la capacidad de traducir los euros a pesetas y eso me produce tanta ansiedad que me bloqueo, me lo pruebo todo y no compro nada. El otro día le pregunté a una dependienta el cambio en pesetas de una camiseta y me miró como si fuese la duquesa de Alba. Nica, ¿te has hecho algo en el pelo?
    –He cambiado de tinte. Bueno, ahora me tiño en casa. No sabéis el ahorro, tías. Son unas botellitas que venden en el chino de al lado del curro. Las instrucciones están en chino también, pero he buscado un poco por internet. Ahora bien, os recomiendo usar toallas viejas, que...
    –En el híper también hay tintes baratos, pero has de saber encontrarlos– se embala Joana. Al fondo ponen una estantería de chollos. Mi madre me guarda todos los folletos de ofertas y ayer pasamos la tarde comparando. Ahora tengo tres listas de la compra y me voy a ahorrar seis euros. Mil pesetas, Merche.
    –Ostras, genial. Porque estos vaqueros me costaron doce (dos mil pesetas, o sea). Me hacen bolsas, pero con la camiseta larga que me regalaron al comprar una revista... Por cierto, ¿alguien se apunta a depilarse el jueves que viene a las nueve y media de la noche? He sacado de una web uno de esos vales de dos por una...
    –Pero ojo, una cosa importante: en el híper hay que mirar los precios en kilos o litros, en los carteles esos pequeñitos, porque si no te puedes llevar algo caro sin darte cuenta... El papel higiénico está de promoción en Son Ferriol, por ejemplo...
    –En el chino si tienes dudas le preguntas al tío que te sigue todo el tiempo...
    No puedo más de esta economía de subsistencia que se ha apoderado de nuestras veladas. Amigas, ¿qué nos ha pasado? Nosotras parecíamos Sexo en Nueva York, éramos estupendas y hablábamos de tíos, de viajes, de marcazas, de libros, de exposiciones, de conciertos, otra vez de tíos, de cuernos y de polvos y bebíamos cócteles con nombres idiotas sin pensar en la cuenta. Los únicos recortes estaban en nuestras minifaldas.
    –Ahora somos Aquí no hay quién viva, o La increíble nómina menguante– sentencia Merche.
    –¡Qué va! Ahora somos Con el culo al aire y acabaremos todas habitando una caravana aparcada en el solar de Gesa. ¿Se paga contribución por esos trastos?
    –Ya no tenemos glamour– lamenta Joana. Yo hoy me iba a poner taconazos, pero como he venido andando para ahorrarme el taxi al final he optado por las deportivas. ¿Y qué falda pega con unas deportivas? ¿Eh?
    –Ninguna, pero no has venido en chándal y eso ya significa mucho. Y mil quinientas pesetas al bolsillo. Y ahora te las puedes gastar en otra cosa, como apuntarte a esos abogados que denuncian a tus vecinos, y a tus exjefes, y  las empresas de telefonía móvil que... ¿pedimos otra de tinto de la casa?
    –No os lo vais a creer, pero en el chino venden una deportivas con tacón. Es como una especie de cuña estrechita, que vista por detrás... me las probé el otro día y oye...
    –¡¡Son horribles!!

     

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