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Pilar Garcés


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  • 05
    Julio
    2012

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    Marianito, el muñeco que no habla

    ¿Qué clase de niña o niño jugaría con Cristinita, la muñeca hecha a imagen y semejanza de la presidenta de Argentina? En efecto, orgullosa como si estuviese inaugurado un pantano o nacionalizando una eléctrica, Cristina Fernández Kirchner presentó hace un par de días al mundo el juguete de tela cosido a mayor gloria de su efigie, que se pone a la venta a modo de souvenir en museos y por internet al precio de unos diez euros. En la colección los hay también con la figura de su fallecido esposo Néstor, dotado de alitas de ángel, e idénticos a los presidentes de Uruguay, José Mújica, y Venezuela, Hugo Chávez. ¿Qué tipo de niña jugaría con Huguito, el muñeco ataviado de camuflaje que cierra las televisiones que no dicen lo que él desea oír? Se le debe reconocer cierta valentía a la líder argentina por prestar su cara a una pepa blandita que algún malpensado puede confundir con el típico objeto de vudú. Pero ya se sabe la máxima para la supervivencia política: que te tengan en consideración, en mientes y entre manos aunque sea para mal. El secretario legal de la Casa Rosada, Carlos Zanini, comentó que a Cristinita “le falta la escoba”, reveló la propia Fernández. “Me trató de bruja”, relató con sorna y siguió a lo suyo, que peor sería un calco de su persona en látex. Su aspiración es que haya una muñeca vestida de negro con su faz en cada hogar, y si puede ser acomodada en un altar, mejor.   

    Tal vez la mítica niña de Rajoy jugaría con Cristinita y le haría mil perrerías, como despeinarla y llenarla de colores vivos, para que aprenda a moderar su carácter y sus discursos incendiarios, y a respetar los intereses españoles. ¿Qué clase de niño o niña se entretendría con Marianito, el muñeco que no habla, que no se mueve, pero que cuando la selección española marca un gol aprieta los puños y murmura entre dientes mirándose la punta de los zapatos? Es muy aburrido disputarse un escondite con Marianito porque gana siempre, está perfectamente entrenado para hacer mutis por el foro. Pero también se comporta como el compañero perfecto, pues no tiene preferencias y va por donde le dicen. “Marianito, hoy jugamos al Apocalipsis, cuando la plebe asalta supermercados para poder comer, vive en minas subterráneas antaño activas, quema los bancos que retienen sus ahorros en corralitos y secuestra médicos para las emergencias”. Pues vale. “Marianito, hoy somos la primera potencia mundial y nuestros bancos son un ejemplo para el resto del universo, y la deuda nos la quitan de las manos y nos hacen todos la pelota en las reuniones internacionales”. Genial. “Marianito, ahora jugamos a que Iniesta consigue repoblar todos los montes de Valencia y hace que nos devuelvan Gibraltar mientras tú te quedas en casa echando la siesta”. Uf, qué alivio.
    Marianito no viene con muchos complementos porque es un muñeco austero. Sólo un chándal rojigualdo, un mapamundi que tiene señalados Uganda, las Islas Salomón y Pontevedra, y una vicepresidenta multifunción con ocho brazos, que además sirve como Thermomix. Los avispados fabricantes están pensando en crear una versión avanzada que responde a ciertos estímulos, como a los saludos en alemán, poniéndose firmes y pronunciando frases como “vivo en el lío” o “yo nunca dije”, pero ¿para qué? Los niños ya se han acostumbrado a tomar ellos todas las decisiones, y a que Marianito esté ahí, con su cara simpática, siguiéndoles la corriente  y sin contestar a preguntas.   
     

     

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