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Pilar Garcés


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  • 26
    Julio
    2012

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    Maria Antònia y Marta, su verdad

    Hay que ver lo mal que se porta España con sus ilustres hijas. Fugazmente hermanadas en la desgracia de la incomprensión y el sufrimiento a manos del populacho, Maria Antònia Munar y Marta Sánchez entonaban anteayer casi al unísono eso que una folclórica en Sálvame Deluxe llamaría “su verdad”. Que no tiene necesariamente que coincidir con la auténtica verdad, ni con la ética, ni con el sentido común o la simple vergüenza. Por no hablar de la ley. Vaya dos. Hubiera sido genial verlas venir hace quince años e intercambiarlas, la política de Unió Mallorquina condenada a cinco años y medio de cárcel por malversación de dinero público, entonando  Desesperada junto a un cuerpo de baile de auténticos traidores, y la rubia que considera que los funcionarios recortados deberían ponerse a currar como hace ella, en lugar de andar jodiendo (sic) el tráfico de Madrid, abrazando crías de porc negre con cara de felicidad en una de aquellas magníficas firas dominicales de antaño, con gafas de sol de marcaza y subida en unos manolos. Qué tiempos, señoras, en que ustedes dos eran tan respetables y saboreaban lo que es comerse el mundo, y vivir rodeadas de pelotas y fans, y no de fiscales y tuiteros que les hacen befa y escarnio.

    Pensábamos que Munar era muy de La Balanguera y su tremenda red, pero ha resultado más de Que volen aquesta gent? Ahora que entre juicio y juicio por diversos escándalos de corrupción tiene tiempo para meditar, ha repasado sus apuntes de doctora en Derecho por la UIB y afirmado que “los que luchamos por la democracia y la separación de poderes pensamos que las personas son primero y que el tema del dinero es secundario y se arregla con dinero”. El Dioni no lo hubiera dicho mejor. En cuanto Ruiz-Gallardón declare oficialmente menores de edad a todas las mujeres españolas, enseguida se pondrá manos a la obra para eliminar del código penal el delito de robo, que al fin y al cabo mucho peor es que te partan las piernas con una barra de hierro, o te estrangulen con tus propios pantis. Munar no da crédito a la legislación “napoleónica” que le están aplicando, pero a posteriori se disculpa y matiza que no se refiere a todos los delitos económicos, sino solo a los suyos. ¿Cómo van a encerrarla a ella en una celda con una traficante de hachís o con una tironera reincidente? ¿No tiene que haber un poco de manga ancha con el guante blanco, a poder ser de Chanel? Ella nos soltaría algo de manteca de dudosa procedencia, y aquí paz y después gloria. Que la sociedad se centre en los realmente peligrosos, los que afanan cobre y le piden al mecánico la factura sin IVA.
       
    Por su lado Marta Sánchez embistió con su coche a un grupo de funcionarios que protestaban contra la desaparición de la paga extra de Navidad con la que pensaban comprarse el último recopilatorio de la antigua cantante de Olé Olé. Aterrorizada por encontrarse de repente en lo que ella consideró “un tumulto” reaccionó como una loca y fue increpada por los manifestantes, que además corrieron a cotillear al respecto. La cantante de Soldados del amor quiso explicarse, como Munar, ante micrófonos, y fue peor el remedio que la enfermedad, pues acabó diciendo que “la situación no se arregla jodiendo al prójimo, sino trabajando”. Ahí es donde los parados se han sumado a los empleados públicos en el repudio a tan, por decirlo de forma delicada, insustancial diagnóstico social contemporáneo. Linchamiento, denunció Sánchez. Linchamiento, resumió Munar. Definitivamente, no entiendo por qué la gente no las adora como merecen.
     

     

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