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Pilar Garcés


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  • 05
    Mayo
    2014

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    La misteriosa vacuna de la varicela

    En Balears no se puede comprar este producto en las farmacias, una orden del Gobierno común a casi todas las comunidades. Los médicos reclaman que se vacune a los bebés, pero Sanidad sitúa la edad de inmunización en los 12 años. Una medida de ahorro con muchos puntos turbios y ciertos riesgos.

    Hace un mes, una niña de tres años murió en el enclave burgalés de Treviño debido a las complicaciones de una varicela. El caso tuvo notoriedad porque, advirtiendo la gravedad de su estado, sus padres solicitaron una ambulancia al servicio vasco de salud por cercanía, y la atención les fue negada aludiendo a un mero criterio competencial: correspondía a Castilla y León. La pequeña falleció por una sepsis desarrollada en sus lesiones. Se produjo una agitada polémica territorial que fue pacificado en parte con el argumento de que la infección de la menor era mortal de necesidad y no hubiera podido atajarse, pero también hubo un debate más solapado en el que ningún cargo del ministerio de Sanidad ha tenido la deferencia de entrar, relativo a que la nena no estaba vacunada. La inmunización contra esta enfermedad se ha retrasado a los 12 años (para los pocos niños que no la hayan padecido) en toda España, salvo en Navarra, Ceuta y Melilla, donde se aplica entre los 12 y los 15 meses, con un recuerdo a los 3 años. En contra del criterio de la Asociación Española de Pediatría, que la defiende incondicionalmente, esta vacuna se ha sacado del calendario nacional después de años funcionando sin problemas. ¿Por qué? Desde el ministerio se sostiene que se trata de una enfermedad banal con un porcentaje de complicaciones mínimo, y que es mejor pasarla en la infancia. Los médicos hablan de un 15 por ciento de casos en que puede agravarse. Un ‘caso’ se llamaba Anne, tenía tres añitos y seguro que a su familia no le tranquilizan las estadísticas porque ha caído en el lado funesto de la tabla.

    No defiendo que sea sencillo tomar decisiones que afectan a la salud pública. Digo que hay que explicarlas de forma transparente a los padres, como mínimo. Incluso la ministra del ramo Ana Mato, que en una entrevista aseguró que su momento preferido del día consiste en “mirar cómo visten a mis hijos”, en su faceta de madre se habrá hecho preguntas, y por lo visto en su ministerio hay respuestas para todos los gustos. Y misterios, silencios y contradicciones. Porque hay otras vacunas, como la del neumococo o la del rotavirus, que no cubre el sistema público pero se da la opción a los padres de comprarlas en la farmacia y ponerlas por su cuenta. No ocurre así con la varicela, cuya venta se ha bloqueado en todo el territorio, salvo en la comunidad foral y las ciudades autónomas. Dicha circunstancia ha llevado al laboratorio que la fabrica a demandar al Gobierno. Y en esta novela de John le Carré ya hay familias comprando sus dosis en Francia o en internet, con los riesgos que ello comporta porque han de transportarse respetando la cadena de frío.
         
    En Balears, tal vez el farmacéutico presidente del Govern o el farmacéutico conseller de Sanidad puedan explicar por qué los establecimientos del archipiélago tienen vetado de facto un producto autorizado y que se vende sin problemas en toda Europa y en el mundo entero. Si están de acuerdo con la política de Madrid en el misterioso asunto de la varicela, que parece que sí, podrían dar cuatro aclaraciones (la responsable autonómica de este servicio en concreto se niega sistemáticamente a hablar del tema con este diario) a los padres, atrapados entre la recomendación médica de vacunar y la negativa oficial a permitírselo. A no ser que prefieran que nos vayamos a comprar tranquilizantes, que de eso sí hay disponibilidad.

     

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