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Pilar Garcés


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  • 07
    Julio
    2014

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    Indulto, una gracia desgraciada

    El Gobierno de Mariano Rajoy ha perdonado a un guardia civil que grabó con su teléfono la vejación de una mujer por parte de su amigo, con quien huyó de la policía. Le habían condenado a seis meses de inhabilitación, lo que le suponía salir de la Benemérita. Pero su padre es concejal del PP, y se va de rositas.

    Hay que eliminar los indultos. Tenemos que quitarlos de en medio como guardamos los cuchillos lejos del alcance de los niños. No es que los cuchillos sean malas herramientas, no en manos de los cirujanos y los cocineros. Pero resultan un peligro para los niños, que no saben utilizarlos. Los indultos deben desaparecer del ordenamiento español hasta que llegue al poder una generación de personas con criterio y altas miras morales para concederlos, así pasen tres décadas o tres siglos. No se puede poner un concepto peliagudo como el indulto a disposición de gente decepcionante como Mariano Rajoy y sus ministros. Y sus ministras. En el año 2011, una mujer de 60 años tomó un tren en Gijón para ir a Oviedo. Junto a ella se sentó un hombre y enfrente otro. El tipo a su lado empezó a decir cosas como: "Sabes tía, me das morbo, métotela por el culo y sácotela por la boca. No la viste más dura en tu vida. Aunque fueras mi abuela, te ponía mirando a Cuenca". De los comentarios pasó a toquetear a la ciudadana, poniéndole la mano en el pubis, mientras el chaval de enfrente se reía a carcajadas y grababa la agresión con su móvil. Un pasajero que socorrió a la víctima se llevó una paliza del acosador, ante la pasividad de su amigo. Juntos huyeron de la policía. El segundo hombre, el palmero que inmortalizó con su teléfono el edificante episodio, era un guardia civil que, tras ser condenado a inhabilitación solo por seis meses, acaba de ser perdonado por Mariano Rajoy y sus ministros. Y sus ministras.

    ¿Qué les pasa? ¿No sienten respeto por nada ni por nadie? ¿No tienen madre? Muy simple: el guardia civil Manuel Arbesú es uno de los suyos. Hijo de un concejal del PP en el municipio de Lena, papi montó una recogida de firmas para lograr la medida de gracia que finalmente se le ha otorgado. El joven puede volver a vestir el uniforme de la Benemérita y su omisión del deber de perseguir un delito se salda con una multa de risa. Ha contado con los informes favorables de la Fiscalía (por favor, no sigamos llamándola ministerio público) y del tribunal sentenciador, y con la aquiescencia de la víctima. Pobrecita. Imagino las presiones de esa gentuza para que aceptase que bueno, que vale, que el individuo que se descojonaba y hacía de Spielberg mientras abusaban de ella tiene derecho a irse de rositas en plazo récord. El chico, además de su teléfono móvil, cuenta ahora con su arma reglamentaria para defender la ley y a todos nosotros. Y nosotras. ¿No se sienten muy tranquilos? Yo sí. Espero que lo destinen al dispositivo de vigilancia de la proclamación de Felipe VI esta mañana, que hay mucho antisistema suelto y mucha abuela vitoreando. Y luego a la escolta particular de Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Por qué conformarse con un indulto cuando pueden regalarle un ascenso?

    Considero a Mariano Rajoy un político de natural indolente, que no toma una decisión si puede evitarlo. Y va y me entero que en lo que va de legislatura ha aprobado 806 indultos, cuando en otros países de nuestro entorno firman uno al año o ninguno. Representan 806 sentencias firmes que el Ejecutivo se ha pasado por el forro a su conveniencia y sin dar la más mínima explicación. Su antecesor Zapatero dio más de 1.500, y ocho eran medidas de gracia contra maltratadores. Si yo fuera miembro de la judicatura estaría entre preocupada y rabiosa por el puenteo sistemático. Pero solo soy mujer. Así que retiro los cuchillos del alcance de mis hijos, y quitaría si pudiera los indultos del alcance de unos políticos con el umbral de ética tan bajo.

     

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