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Pilar Garcés


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  • 07
    Julio
    2014

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    Esconde tu barriga

    El PP de Murcia ha aprobado con su mayoría absoluta una propuesta por la que se exime de asistir a clase a las alumnas embarazadas, "para evitarles la vergüenza" que les causa su estado. A cambio, recibirían instrucción en sus casas. La maternidad como oprobio, qué triste.

    Tal vez el infausto ministro de Justicia Alberto Ruiz- Gallardón se refería a lo de Murcia cuando, para defender su regresiva ley de interrupción del embarazo, esa norma que ha puesto los pelos de punta a media Europa, teorizaba sobre la "violencia estructural" que obliga a abortar a las mujeres. Hay otra violencia, la que ya suma casi veinticinco ciudadanas asesinadas a manos de sus parejas o exparejas este año, pero a esas no las mencionó, no deben afectar a los cimientos de la democracia. Se preocupaba el preboste por las gestantes que por motivos económicos o sociales deciden no ser madres, una preocupación que en la cruda realidad no se traduce en nada tangible: su partido subió el IVA de los pañales al 21 por ciento, castiga en la declaración de la renta a las cada vez más abundantes familias monoparentales y ha reducido a la mínima expresión cualquier ayuda práctica a la maternidad. La semana pasada, un par de días antes del Día de la Madre, los compañeros murcianos de Gallardón rizaron el rizo de la hipocresía en este asunto aprobando una resolución por la que eximen de ir a clase a las estudiantes embarazadas "para evitarles la vergüenza" que conlleva su situación personal. A cambio podrán recibir instrucción domiciliaria. Como si estuvieran enfermas.

    Resulta tan delirante que cuesta creer que se haya dado luz verde a algo así en un parlamento español en pleno siglo XXI. Mientras en el mundo hay niñas que se ponen a tiro de los fanáticos para defender su derecho a la educación, en este país se fomenta el abandono del entorno que necesariamente ha de ser el mejor para cualquier adolescente, el de sus compañeros de edad y condición, sea cual sea la circunstancia por la que atraviese. Con un gasto rácano y un esfuerzo mínimo en educación sexual, los conservadores hacen leyes que dificultan que las jóvenes tomen sus propias decisiones respecto a su salud reproductiva, después las animan a seguir adelante con sus embarazos y por último les aconsejan encerrarse en casa para disfrutar de su "vergonzoso" estado en secreto. Como en los tiempos de antaño, cuando se mandaba a las chicas a otra provincia, o a un convento recóndito para dar a luz. O como esas tribus ancestrales que expulsan a las mujeres del poblado para parir o incluso cuando tienen la regla. Madres marginadas antes de cumplir la mayoría de edad, qué bonito.

    La maternidad nunca puede ser un hecho ignominioso, lo indecente es pensar así. Las chicas embarazadas que deciden libremente ser madres han de poder ir a todas partes, y si el colegio se convierte en un entorno hostil para ellas por este motivo se ha de actuar en el centro educativo, no aislando a las alumnas/víctimas. Los deshonores, deshonras y tropiezos son cosa del pasado, la sociedad se ha hecho mayor. Lleva Mariano Rajoy todo su mandato legislando sobre la vida privada y personal, y contra los derechos civiles de la gente, cuando solo se le pide que cree empleo y devuelva el aire a las acogotadas clases medias. Presidente, deje en paz a las estudiantes embarazadas en su clase, en el comedor escolar, en la biblioteca, en el gimnasio y en el conservatorio y donde les dé la gana de ir, y ocúpese más bien del paro juvenil, de la emigración de los nuevos talentos, de los recortes en becas y de los contratos basura que padecen los nuevos licenciados. Eso sí que da auténtica vergüenza.

     

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