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Pilar Garcés


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  • 15
    Enero
    2014

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    El rey vacila

    Demasiados frentes para la Corona. El monarca muestra en público su confusión y su precario estado de salud. Pero además lanza un mensaje navideño bastante contradictorio, predicando transparencia para sentarse después a cenar en Palacio con su yerno investigado y su hija hoy imputada

    Y entonces, ¿quién es el rey de España? ¿El del reportaje pactado de la revista ¡Hola!, con su cara rejuvenecida por ordenador y su porte de Arturo Fernández, ligeramente apoyado en un banco de jardín como quien espera a su corredor de bolsa, bastante torero, algo bronceado, sin corbata pero elegante? ¿O ese yayo empeñado en caminar por sus propios medios en la celebración de la Pascua Militar mientras a su alrededor todo el mundo aguanta la respiración, ay Dios que se la pega, con las arrugas de la edad y un poco abotargado por el esfuerzo, el que balbucea al hablar y se pierde leyendo? No resulta este un asunto baladí. ¿Cuál de los dos ocupa la jefatura del Estado? Tal vez nos lo pueda aclarar alguno de esos asesores de la Zarzuela que deberían jubilarse antes que su jefe. ¿Quién es el rey? Porque hay un don Juan Carlos que en su discurso de Navidad reconoció con aplomo saber “que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social”, y otro que esa misma noche, y en ese mismo Palacio sostenido por el contribuyente, ejercía de suegro cariñoso de un investigado por corrupción, y brindaba con él por un feliz 2014. Todo un mensaje para el juez que anteayer, un par de semanas después de la entrañable estampa familiar, imputó a una infanta de España por blanqueo y delito fiscal. “Asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”, dijo el monarca antes de sentarse a cenar con Iñaki Urdangarin y su fiel Cristina. En efecto, no se puede ser más transparente. Repito, ¿quién es el rey? ¿El que vacila o el que nos vacila?
       
    El rotundo parlamento grabado del rey y emitido en Nochebuena tuvo la audiencia más baja en 15 años, el zapping se ha vuelto republicano. Digamos que los ciudadanos no quisieron, como en ocasiones anteriores, ni tenerle sin voz en pantalla mientras se tomaban el aperitivo o se terminaba de dorar el asado. Prefirieron una gala enlatada con exceso de espumillón. Sin embargo, el discurso del día de Reyes en el que don Juan Carlos se equivocó, puso cara de contrariedad, resopló y volvió a equivocarse está cosechando infinidad de visitas en internet. Si esta es la estrategia pergeñada por la Zarzuela para cohesionar una nación que enfrenta retos y problemas bastante importantes, la de enganchar al pueblo por la vía del humor, ha acertado plenamente. Toda la maquinaria de un poder del Estado volcada en demostrar que un monarca de 76 años con problemas de salud está hecho un roble, y la cosa no pudo salir peor. ¿Se ocupa alguien del resto de las tareas encomendadas a la Corona?   

    Pero no se apean. El atril donde leía el rey estaba mal iluminado. Don Juan Carlos caminará sin muletas en primavera, y mientras tanto se mantiene su agenda de viajes oficiales al extranjero y reuniones de primer nivel. La noticia de los gravísimos problemas de su hija con la justicia le precede fuera de nuestras fronteras, como una embajadora nefasta de la famosa marca España. El soberano no pasa por sus mejores momentos, pero no hablemos de abdicación. Eso acercaría un peldaño al trono a la hija imputada que se resiste a sacrificar sus derechos dinásticos en beneficio de su familia y la monarquía. Cosas que pasan en los reinos.

    Mira aquí todas la ilustraciones de Elisa Martínez para El Desliz

     

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