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Pilar Garcés


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  • 15
    Octubre
    2014

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    El machismo de Toni Nadal

    Los vestuarios de esos chicos tan jóvenes y majos que son los tenistas han resultado ser la penúltima caverna. Nadie cuestionó antes que a las deportistas las entrenen hombres, pero la designación de Gala León al mando del equipo Davis se considera un sacrilegio.

    La ministra de Defensa Carme Chacón repasando las tropas con su barriga de siete meses levantó las persianas de los cuarteles para que entrase el aire. Menudo susto. Allí se encontraban desde hace años las soldados, pero como todo el mundo sabe, y sobre todo los generales, no es lo mismo recibir órdenes que darlas. Resultó ser una batalla ganada, mas no la guerra. No contábamos con los vestuarios, que han resultado ser los últimos bastiones del puritanismo sexista. Ves a los deportistas de elite toquiteados a diario por fisios, masajistas, técnicos, e incluso por maquilladoras, fotógrafas, diseñadoras y directoras de cine en sus compromisos publicitarios, pero resulta que la mera posibilidad de que una jefa les dé instrucciones recién salidos de la ducha les trastorna hasta el punto de causar una debacle en su rendimiento. En la polémica más casposa de los últimos tiempos algunos vuelven a señalar un lugar vedado para más de la mitad de la población. De los polvos de la subestimación del deporte femenino vienen estos lodos de no querer mujeres en los puestos de mando. En el caso del nombramiento de Gala León como capitana de la Davis, tenistas y entrenadores parecen haber reaccionado como ursulinas, pero en realidad defiende su territorio como leonas. Mujeres quedándose con la parte del pastel que se repartían ellos hasta la fecha, quitándoles el trabajo y la decisión de colocar al mando a quien deseen.

    La aportación más penosa a este debate ha procedido de Toni Nadal, tío y entrenador de Rafa Nadal. Qué mal me sabe. Siempre me había gustado lo que decía, y los valores de humildad, sacrificio y esfuerzo que no solo predica, sino ejerce y comparte con su pupilo. Pensaba que alguien que forja un número uno con años de trabajo durísimo mostraría otra empatía hacia quienes piden competir en igualdad de condiciones, y no con el árbitro siempre en contra. No me esperaba de su boca un comentario digno del landismo. Y menos aún su reacción de reafirmarse en la metedura de pata. Dijo primero que “en el vestuario se convive mucho y no es normal que haya una mujer” y apostilló: “se me puede decir anticuado pero no machista”. Anticuado es el abrigo de pelo de camello con hombreras que guardo en mi armario, que es un horror pero no hace daño a nadie. Su comentario es machista porque alude a una de las pocas cosas que Gala León no puede cambiar: su condición de mujer. Resulta injusto para la cuestionada, nocivo para el conjunto de quienes buscan ascender en el deporte y malo para las aspiraciones de igualdad de las mujeres. Si hubiese seguido criticando su formación, su capacitación o su experiencia no hubiese pasado nada; ella puede mejorar ahí, pero no volverse un hombre. Le pone un obstáculo insuperable, que además es una chorrada. Nadal sabe que los hombres entran sin problemas en los vestuarios de las mujeres a las que entrenan desde hace décadas, y que en Estados Unidos lo hacen igualmente los periodistas y las periodistas. Llamando a la puerta, como dice la capitana de la Davis que hará, o no. Imagino que eso dependerá del pacto al que lleguen los miembros del equipo.

    Supongo que en los vestuarios del Santander se sufrió en silencio el ascenso de Ana Patricia Botín a la presidencia. Pero si alguien rechistó, le bastó con aflojarse un poco el nudo de la corbata para calmarse. Vamos tíos, no es tan malo. Nosotras hace años que dejamos que nos exploren y nos ayuden en el parto ginecólogos, anestesistas o enfermeros, en la seguridad de que dichos profesionales no nos ven como mujeres desnudas, sino como pacientes. Todo muy natural y con mucha tranquilidad. Como adultos, y no como críos que se tapan la pilila en el vestuario.

     

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