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Pilar Garcés


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  • 07
    Abril
    2014

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    El látigo de Montoro es una monja

    El ministro de Hacienda acusó a Cáritas de inventarse sus tremendos datos sobre la pobreza infantil en España, que cuenta con el índice más elevado de Europa tras Rumanía, y la Iglesia no ha dicho ni mu en defensa de su voluntariado solidario. Por suerte, sor Lucía Caram no se calla.

    Llevo varios días esperando la respuesta de la Conferencia Episcopal a la descalificación gravísima efectuada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, sobre la labor de Cáritas Diocesana. El amo y señor de los números rojos españoles acusa a la entidad dedicada a socorrer a los más pobres de inventarse unos datos que vienen a cuestionar sus eufóricos presagios de fin de la crisis. Hay que ver estos cristianos de base cómo son, aguándole la fiesta al preboste antes de unas elecciones con sus niños hambrientos, sus parados desesperados y sus familias desgraciadas que no pueden pagar un recibo de la luz cada vez más desorbitado y opaco. Desde la perspectiva del catecismo, o Montoro ha incurrido en levantar un falso testimonio, o Cáritas apaña informes para molestar a la derechona, es decir, miente. En cualquiera de los dos casos, el asunto merecería un pronunciamiento oficial de la jerarquía eclesiástica. Lo agradecerían los miles de voluntarios que tocan con las manos la falta del pan nuestro de cada día en casa ajena, y también quienes con suma aprensión marcan la casilla de la Iglesia en su declaración de la renta con la esperanza de que una ínfima parte de su dinero vaya a Cáritas.

    Los siempre bien alimentados obispos largan contra el soberanismo catalán, la reproducción asistida o la muerte digna, pero se callan como esfinges cuando todo un ministro ataca en firme a la única de sus entidades que cuenta con algo de prestigio social porque ayuda de verdad a los más débiles. Deben estar aún embriagados por el botafumeiro de los funerales de Adolfo Suárez (dad fraternalmente la paz a Teodoro Obiang). Los purpurados viven tan desconectados de la realidad como Montoro, un señor desabrido que roza el frikismo en sus manifestaciones públicas un día contra los actores, otro contra la prensa, y al tercero contra la parte combativa del pueblo de Dios. Todos esos comunistoides alarmistas, ¡si en España se vive de miedo! ¿Y qué sabemos de Francisco, el papa que ha llegado para amargarles las digestiones a los poderosos del Vaticano? Pregunten a las monjas.

    Sor Lucía Caram, una dominica contemplativa hincha del Barça que tiene 66.000 seguidores en Twitter y un programa de cocina, que se pronuncia en Youtube y lanza su mensaje en libros, radios, conferencias y periódicos, exigió en su cuenta: “Montoro dimisión ya. Insultantes declaraciones de un aliado de la estafa y la mentira del Estado. Cáritas no miente”. La hermana, cuyo convento de clausura en Cataluña mantiene abierto un comedor para cientos de personas, ha tronado sobre los brotes verdes, “serán los de esa planta venenosa que es el capitalismo sin alma que ellos defienden”, y contra la falta de dignidad del Gobierno. La religiosa reza por Messi y por los necesitados, y no se calla como sus jefes. Me recuerda a otra que congrega multitudes, sor Teresa Forcades, que habla de política, defiende el independentismo y el feminismo, y plantea interrogantes sobre el sistema sanitario. Hace unas semanas se hizo una foto en Mallorca con la camiseta verde a favor de la educación pública, todo un gesto, pues el obispo Javier Salinas le había hecho saber que prefería que no viniese a la isla a pronunciar dos conferencias porque “nuestra diócesis necesita pacificarse”. A los pocos días, dos curas se pegaban puñetazos en una calle de Palma, en medio de acusaciones de índole sexual. Si la opción es este tipo de silencio, mejor la voz de monja que clama en el desierto.

     

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