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Pilar Garcés


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  • 10
    Febrero
    2014

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    Bienvenidas a la clase media

    A doña Sofía y a la princesa Letizia el rey les ha puesto un sueldo. Una medida que, invocando la transparencia, pretende mejorar la imagen de la Corona en la semana horribilis de la infanta Cristina. Una monarquía con nóminas viene a ser una república sin urnas

    Me ha venido a la cabeza la maravillosa actriz británica Maggie Smith, en su papel de condesa viuda de Grantham de la añorada serie de televisión Downton Abbey. Toda la aristocrática familia protagonista cena con el primo lejano de profesión abogado que por una carambola del destino y gracias a la discriminación positiva hacia los varones ha heredado el casoplón del clan. El hombre les comunica que seguirá trabajando en su bufete y que se dedicará a los menesteres que exige la inmensa propiedad durante los fines de semana. “¿Fin de semana? ¿Qué es un fin de semana?”, pregunta Maggie silabeando y con cara de asombro. Para quienes nacieron en una cuna muy alta, todos los días son festivos. O también lo contrario: una condesa viuda nunca descansa, ejerce de tal siete días de cada siete. Me he acordado de la nariz fruncida de la ganadora de dos Emmy por este papel impagable al enterarme de que el rey les ha puesto un sueldo a la reina y a su nuera, un salario apuntalado por un pico en concepto gastos de representación. Como un autónomo más, pero sin fastidiosas declaraciones de IVA. Parece ser que el jefe del Estado ha acabado con la economía sumergida en palacio. Si a la monarquía le quedaba algo de magia o misterio, se ha esfumado con la parte contratante de la primera parte, los pluses y las retenciones. Ya estoy viendo a Maggie Smith diciendo incrédula: “¿Nómina? ¿Y qué demonios es una nómina?”
       
    La semana que culminará con una infanta de España respondiendo a preguntas del juez por sospechas de posibles delitos ha comenzado con la noticia de que don Juan Carlos ha “profesionalizado” a su consorte, y a la de su heredero (las demás cónyuges de este país no tienen tanta suerte). Otra genialidad de la Zarzuela para desviar el foco de los pasos de la hija mediana del monarca resonando en la rampa de los juzgados de Palma. Así se podría escribir la historia: junto a los cuadros de Velázquez, el Prado puede colgar una copia compulsada del convenio colectivo de la familia Borbón. La Guerra de la Independencia comenzó cuando Fernando VII pidió el finiquito y una excedencia. El exilio en Estoril en realidad fue un traslado por concurso de méritos. Las capas de armiño y los carruajes han quedado anticuados, pero esta vulgarización de la corona hace muy difícil distinguir la magna institución sanguínea de lo que viene siendo una república. En realidad, tenemos una república encubierta, una muy peculiar, sin votación cada cuatro o cinco años. Ellos lo llaman transparencia aunque por lo mismo podría denominarse deriva. No sé si la reina cobrará trienios. No sé si Letizia fichará en su cómoda jornada de lunes a viernes. Las dos han aprobado las oposiciones del amor y con eso ha de bastarnos.
       
    Pues nada, queridas, solo nos queda daros la bienvenida a la castigada clase media española. A la de las subidas de impuestos y recortes de ayudas y derechos. A la que ya no consume por miedo. A la que no pide postre ni una segunda botella de vino. La clase media que no se va de puente ni deja a los niños en el comedor. Que por mucho que el PP se haya venido arriba en su convención de Valladolid, la clase media a la que ahora pertenecen por contrato la reina y la futura reina no se muestra tan optimista. Qué subidón de fin de semana para Mariano y los suyos. Pero, ¿y qué diantres es un fin de semana?, preguntaría la condesa viuda de Grantham.

    Mira aquí todas la ilustraciones de Elisa Martínez para El Desliz

     

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