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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 11
    Octubre
    2011

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    Una dimisión coherente y honesta

    Conviene no olvidar que, si bien es cierto que todo lo que ha sido Miquel Àngel Nadal como futbolista se lo ha ganado en el terreno de juego, ya fuera en el Barça como en la Selección,  su deuda con Serra Ferrer es notoria. Fue el de Sa Pobla quien le subió al primer equipo del Mallorca y le dio galones con el número ‘8’ a la espalda y también fue quien se curró y propició su fichaje por el club de la Masía, donde triunfó por sus propios méritos.

    Ambos se han reencontrado  en Mallorca al cabo de los años y nuevamente Llorenç fue quien se lo colocó a Laudrup, que igual que Caparrós venía con su equipo, como segundo entrenador. Es decir que, con la verdad por delante, el de Manacor tiene muchos más motivos de agradecimiento que al revés.

    Dicho esto, la decisión del tío de Rafel Nadal al abandonar el cuerpo técnico a las órdenes de Caparrós, es de notoria coherencia y absoluta honestidad. Se va porque interpreta que con los que han venido son más que suficientes para llevar a cabo las tareas que se les han encomendado, porque formaba parte del grupo de colaboradores del técnico cesante y porque no se siente útil en este momento. Otro se hubiera quedado a comer la sopa boba, pero él no.
     
    Y no se marcha por la puerta de atrás, como se podría dar a entender con una pizca de mala intención, sino que lo hace sin levantar la voz más de lo necesario, dando la cara y al margen de lo que, en un futuro más o menos cercano, decida hacer con su cinco por ciento de su paquete accionarial, puesto que su sobrino, como él mismo ha dicho en su libro, ya es mayor para tomar sus propias decisiones. O no.
    Ahora Miquel Àngel Nadal vuelve a ser un recuerdo en la historia del Mallorca. Una figura levantando la Copa del Rey de 2003 que le negó al capitán, Olaizola, y entregó a ‘Chichi’ Soler, que había renunciado al brazalete.

     

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