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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 08
    Octubre
    2014

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    Un plato de muy mal gusto

    No comparto que el hombre sea el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, puesto que lo hace tres, cuatro o cinco. Miquel Àngel Nadal, eso sí, va por la segunda. No ha sabido decir que no la primera y se ha mantenido en un cargo remunerado aunque sin contenido hasta el día de ayer en que, al contrario de la dimisión presentada por Aouate, persiste en el error.

    Sin argumentos morales para convencer a Karpin de que se marche perdonando una parte importante de su contrato, llegan indicios de que Miquel Soler ha perdido la confianza en los consejeros del club y no está dispuesto a recorrer nuevamente el camino del ridículo por muy amigo que sea del manacorí. Lógico. Todo el mallorquinismo piensa igual. Con rectores como Cerdà y Claassen, entre otros, ni a la esquina.

    Pep Alomar, con las ideas muy claras, está haciendo las maletas para emigrar a Abu Dhabi atraído por un sustancioso contrato que el director deportivo le negó.

    A día de hoy hay que estar muy necesitado o estar muy loco para aceptar el banquillo del Real Mallorca. Y si tenemos en cuenta que esa fue la primera responsabilidad rehuida por quien ha sido probablemente el mejor futbolista mallorquín de la historia o, al menos, el que ha llegado a cotas más altas, tampoco posee una gran capacidad para convencer a nadie de que se comprometa con un equipo hundido en la tabla, una plantilla menos que mediocre y un club en permanente convulsión en cuyo seno reinan la felonía y la traición como moneda de uso corriente, donde la palabra empeñada, con firma o sin ella, dura menos que una alianza entre personajes de tan evidente calibre.

    Y, aún peor, con escasas garantías de cobro habida cuenta de la insuficiente ampliación de capital acordada en un ejercicio más de hipocresía, falta de sensibilidad y prioridad del interés particular sobre el de la sociedad.

    Por si faltara alguna guinda, con la competición a treinta días de alcanzar su velocidad de crucero y sin base ninguna que apunte a una mejoría estable. 

     

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