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Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 04
    Enero
    2014

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    Un empate que sabe a gloria

    Es una pregunta tópica en estos primeros días del año nuevo: ¿qué tal has empezado? La respuesta, elemental: igual que terminé el anterior. Así de fácil se resume el partido que el Mallorca fue a ¿disputar? a la capital de Gran Canaria. El equipo de siempre, la misma falta de intensidad y presión acostumbradas en el centro del campo, la endeblez defensiva escandalosamente expuesta en el gol de Masoud que abría el marcador y la habitual falta de ideas y creatividad de medio campo para adelante, sin desborde por las bandas ni, como consecuencia de todo ello, oportunidad de definición arriba. Un saque de esquina a cuya salida Kevin enganchó un buen tiro desde fuera del área, repelido por Barbosa, concentra todo lo que se puede decir del equipo de Oltra en otra lección aplicada de cómo se tira medio partido.


      Tuvo que encajar un segundo gol, no menos humillante que el primero, para reaccionar. Tuvo la suerte de marcarlo apenas dos minutos después de lo que parecía encarrilar una cómoda victoria local. Se metió, por fin, en el partido y, aunque con un juego igual de opaco, aprovechó el declive físico de Valerón, clarísimo ganador de la partida en los tres cuartos de campo, y de Apoño para activar uno de los balones colgados por Nsue, mejor de lateral que de carrilero, para establecer una igualada favorecida por los desafortunados cambios ordenados por el técnico canario que, con la sustitución de Aranda despertó de la pesadilla a un Bigas limitado en la contención y muy torpe en la salida.


      De perdidos al río, el Mallorca controló mejor a partir de la entrada de Riverola. No entró mucho en juego, pero dio criterio en el despliegue lo que, en este equipo, ya es mucho. La entrada de Hemed, que aportó tan poco como la de Víctor, no cambió unas tablas que cabe considerar más o menos ajustadas a la realidad. Pero el empate deja buen sabor de boca sólo por el mérito de la igualada, que parecía imposible.

     

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