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Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 02
    Marzo
    2014

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    Un árbitro con veneno

    Por paradójico que parezca, ayer no se puede imputar ningunas responsabilidad colectiva a los jugadores del Mallorca, salvo quizás que acusaran en demasía la injustificada expulsión de Aouate a los cinco minutos.  Si quienes lo vieron por televisión necesitaron tres pases para determinar si el portero había tocado el balón con la mano fuera del área, un árbitro medianamente normal no puede castigar con el máximo rigor una acción del todo dudosa y, con ello, cargarse un partido. Mucho menos a instancias de uno de sus asistentes, peor colocado que él.


       El otro gran error de López Acera, aparte las compensaciones que se sacó de la manga en la segunda parte, fue ignorar un claro penalti sobre Hemed que puso en ebullición las venas ya de por sí henchidas de Iriney que, en un acto irreflexivo, dejó al equipo con sólo nueve compañeros sobre el césped.

    Es evidente que el árbitro se cargó el partido y la afición, inconsciente, jamás debe proyectar sobre los futbolistas su justa indignación con los dirigentes, presidente a la cabeza y Utz Claassen a la cola. Lo cierto es que, con el partido perdido y temiéndonos la goleada, los de Carreras, que no podía imaginar debut tan desafortunado, juntaron líneas, tiraron de solidaridad, evitaron el ridículo y hasta tuvieron sus opciones si Nsue y Ximo hubieran tenido un poco más de calma en el área visitante. Kevin solamente maquilló el resultado cuando ya apenas quedaba que hacer, pero el Barça B, pese a su notoria superioridad numérica, fue incapaz de inquietar seriamente a Miño en toda la segunda parte y ante un anfitrión con nueve.

    En el debe se queda el incomprensible e inadmisible error de Cadamuro en el gol que abría el triunfo blaugrana y la falta de templanza que confundió la identidad del enemigo. El Barça B no iba a ser fácil y, por añadidura, el árbitro llevaba veneno escondido en sus alforjas o, mejor dicho, en uno de sus banderines. A los veteranos eso no se les puede escapar.

     

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