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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 10
    Marzo
    2013

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    ¡Sí se puede!

    Cuando lo único importante es el resultado, las emociones se disparan y los futbolistas no dejan de ser seres humanos. Anoche tocaba sufrir y ¡vaya! si se padeció. El partido del Mallorca lo hubiera firmado Caparrós, pero quien se lo inventó fue Manzano, cuyas fórmulas han devuelto la confianza a un colectivo que parecía desahuciado. Claro que cualquier observador frío no dejará de contemplar que las mejores oportunidades de gol las creó y transformó el equipo local. De hecho Aouate apenas tuvo que intervenir en situaciones de verdadero apuro, bien protegido por una defensa contundente y eficaz que sólo se despistó en la igualada circunstancial de Negredo.

    En el haber del nuevo/viejo entrenador mallorquinista hay que consignar ya algunas partidas. Probablemente y por encima del cambio de dibujo que su predecesor se negó a practicar, la recuperación de un futbolista que ha sellado los labios de los lenguaraces que no solo pusieron en duda sus cualidades, sino que se atrevieron a cuestionar su fichaje: Alejandro Alfaro. Sus dos tantos de ayer, añadidos al obtenido en Granada el pasado domingo, le confieren el protagonismo que demandan sus decisivas intervenciones. O sea, sus remates, dos paradones de Beto a sendas genialidades de Giovani y un disparo de otro jugador rejuvenecido, Martí, conjugan las opciones de gol del vencedor frente a las del Sevilla, que tuvo casi todo el rato el balón sin poder sacar provecho de ello.

    Es posible que el Mallorca jugara con fuego durante mucho tiempo y que la fortuna volviera a sonreirle al reducir a cinco minutos el periódo transcurrido desde el gol visitante, pero si de algo sirvió la ducha fría de la derrota ante el Getafe fue para que nadie haya vuelto a bajar los brazos ante una desgracia puntual. El de ayer no fue un gran partido, ni siquiera bueno, pero unió al público con el equipo y se constató que la fe no sólo mueve montañas, sino que hasta puede impedir descensos. Queda mucho por hacer, pero el camino para la permanencia parece el correcto.

     

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