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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 28
    Diciembre
    2012

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    Sesenta años de convulsiones

    A mucha gente le escandaliza lo que pasa en el Mallorca hoy día. A quienes hemos informado de situaciones como el encierro de la plantilla en el vestuario en demanda de su salario, visto a un futbolista poner un cuchillo en la tripa de un presidente o asistido a la subasta pública de los derechos de traspaso de los jugadores, entre otras muchas cosas, nos impresiona más la mezquindad de las personas que los acontecimientos en sí mismos.
        Hemos sabido de llamadas telefónicas amenazantes a altas horas de la noche a don Jaime Roselló tras haber ascendido al club a Primera División por primera vez en cuarenta años, desde su fundación; hemos presenciado la detención policial de un mallorquinista de pro en plena Plaza de España por un presunto soborno y hemos sido testigos del hundimiento de un murete de contención del Lluís Sitjar sobre el foso de seguridad que circundó el terreno de juego, por no hablar de más de una acusación no probada de compraventa de partidos. En comparación con tales historias, la guerra intestina de ahora no va más allá de la oportunidad que brinda para desenmascarar el falso mallorquinismo del que algunos persionajes hacen gala.
        Ni Gabriel Cerdá habría sido accionista del Mallorca en su vida de no haber mediado Serra Ferrer, ni Utz Claassen sabría dónde está Son Moix y si exitió siquiera el Lluís Sitjar sin que Jaume Cladera le hubiera invitado a participar en el proyecto. El mallorquinismo de Pep Roig ha quedado plasmado en sus feroces críticas a Gregorio Manzano por haber reclamado más fútbol y menos paella y su oposición teledirigida al dictado de quienes le han sentado donde jamás debió hacerlo y el de Pedro Terrasa a unos servicios profesionales generosamente pagados por Vicenç Grande primero y la Concursal después. Pese a     quien pese, en esta historia contemporánea del club, sólo aparece un mallorquinista de verdad: Serra Ferrer. Todos los demás no pasan de ser actores secundarios con ansias de protagonismo y ningún currículum bermellón.
    Este deporte es po

     

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