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El Análisis
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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 28
    Abril
    2013

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    Se acabó lo que se daba

    Llámenme pesimista, cenizo o lo que se les ocurra, pero ya opiné que el partido de La Romareda no era una final más, sino la última y, por pura coherencia, he dejado de creer en la permanencia del Mallorca en Primera. Me sobran argumentos tanto estadísticos, como estrictamente deportivos, pues creo que nada cambia por casualidad y menos en una competición a treinta y ocho partidos que coloca indeleble e inequívocamente a cada uno en el lugar que se ha labrado durante nueve meses. En este período de tiempo, nuestro primer representante futbolístico ha gozado de oportunidades más que suficientes para haber rectificado su errática trayectoria y no ha aprovechado ninguna. Sus males, a estas alturas, me temo que ya no tienen remedio.

    LOS NÚMEROS CANTAN y los que nos ocupan son demoledores. Aouate y su cambiante zaga, sin soslayar la responsabilidad solidaria del resto del equipo, sólo han dejado de encajar goles en tres partidos de los treinta y tres disputados, siempre han sido batidos en campo ajeno al menos en una ocasión y en otras, tanto en Palma como fuera, con verdadero estrépito. Ni Caparrós, ni Manzano han sido capaces de poner coto a tamaña sangría pese a los numerosos cambios de sistema y jugadores que han introducido de semana a semana, unas veces obligados y otras no tanto. Pero aún siendo la fragilidad de la retaguardia lo más llamativo, se han producido situaciones tanto o más graves dentro y fuera del campo que afectan a futbolistas en particular como al colectivo en general.
    EL DESASTRE DEL SÁBADO sirve como ejemplo más reciente y de más fácil memoria, pero algo muy parecido ha sucedido antes sin que nadie exigiera el menor acto de contrición y voluntad de enmienda. La plantilla no es mejor ni peor que las del Zaragoza, Valladolid, Osasuna, Granada, Deportivo, Celta e incluso Rayo Vallecano y Levante, pero los técnicos han permitido el fiasco de aquellos futbolistas que no se hicieron acreedores a su confianza. No siempre han  jugado los mejores, sino los más influyentes en un vestuario más unido de cara a la galería que solidario en el terreno de juego. Tales circunstancias han debilitado al equipo que si en su momento pareció renegar del librillo de su primer entrenador, ha demostrado no entender tampoco el del segundo. Ha habido quienes han pagado el pato mediático, por otros que llevan de rositas toda la Liga.

    EL MALLORQUINISMO, más pasivo que activo, pero siempre latente, ha visto y sufrido demasiado. En Sevilla, Vigo, Málaga, Madrid y Zaragoza, en Palma contra el Getafe y el Deportivo, el Mallorca fue incapaz de sostener su ventaja inicial en el marcador. En Cornellá y Valladolid, ni siquiera de aguantar un marcador favorable en el descanso, tras haber remontado un gol adverso. ¿Es lógico creer que lo que no ha hecho hasta hoy será capaz de ponerlo en práctica en los cinco partidos que quedan? ¿Podemos pensar que será competitivo nada menos que frente al Levante, Athletic, Betis, Atletico y Valladolid?. Rotundamente no. Este grupo se ha dejado llevar y no hay vuelta atrás. Agotó su crédito.

    RAFEL NADAL, con su presencia y sus victorias, prestigia el Trofeo Conde de Godó, que conoció etapas mucho más gloriosas, en tiempos de raquetas de madera y cordaje de tripa. Los tiempos han cambiado, la cita no logra reunir un cartel mínimamente atractivo al que da lustre exclusivamente el de Manacor, perfecto para tomárselo como una semana de entrenamiento algo exigente. La lluvia ha deslucido las jornadas, pero sin ella habría sido más o menos lo mismo. La crisis también ha arrasado con competiciones que, como los viejos rockeros, nunca mueren pero sí envejecen.

     

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