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El Análisis
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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 01
    Junio
    2012

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    ¡Sálvese quien pueda!

    No es fácil emitir juicios de valor sin conocer en profundidad el informe de calificación emitido por los administradores concursales del Real Mallorca y que deja en muy mal lugar a algunos, no a todos, de los anteriores gestores del club. Tampoco da respuesta a varias incógnitas que planean sobre el pasado reciente de la entidad que, por cierto, nada tiene que ver con los actuales responsables de la SAD. Pero personificar la responsabilidad de la situación caótica que derivó en concurso en una sola o incluso dos personas, a la vez máximos accionistas y presidentes, al tiempo que se exonera a otras que, en el período de tiempo analizado, tuvieron poder y firma para rubricar contratos y otras operaciones, constituye una simplificación rayana en la incoherencia.
    La debacle económica del Mallorca no se gesta exclusivamente a partir del 2005. Hay un antes que incide claramente en los acontecimientos que se desencadenan, así como un después y, sobre todo, tiempos intermedios por los que se pasa casi de puntillas. Particularmente pienso que el informe pivota no únicamente alrededor de los causantes del estropicio, sino sobre los más indefensos.
       Pero, ¡cuidado! Hay algún apunte que podría acabar interfiriendo en otros procesos en curso, cual es el del ex técnico Gregorio Manzano, cuyos abogados coinciden con los administradores concursales en señalar que el concurso de acreedores debió ser instado con anterioridad. Un argumento de consecuencias impredecibles.
       Esta calificación última de los Frau, Cregenzán y Mir, éste incomprensiblemente arte y parte del procedimiento con distintas posturas según representante de la administración o abogado de Delta Sport, traerá más cola de la que en un principio cabría imaginar. Lo que empieza con un torpedo directo a la línea de flotación de los presuntamente responsables, puede acabar con una estampida a todo trapo al grito de ¡sálvese quien pueda!
     

     

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