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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 15
    Abril
    2012

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    Peor que unos y mejor que otros

    Resulta tópico y demasiado fácil argumentar que el Mallorca permanecerá un año más en Primera porque hay equipos peores, sin embargo, también podríamos afirmar que su clasificación se debe a su superioridad sobre los rivales que se quedan a cinco o más puntos de distancia. Por la misma regla de tres cabría decir que el Madrid y el Barça se disputan la Liga porque hay dieciocho conjuntos más malos o diecisiete y dieciséis en el caso del Valencia o el Málaga. Particularmente prefiero pensar que la plantilla bermellona figura entre las primeras quince de la categoría y, como club, de los seis más destacados de los últimos dieciséis años. Eso es lo que aseguran los números y lo demás, no pasan de ser interpretaciones respetables, pero subjetivas.   

    Más monaguillos que curas se citaron ayer en la catedral de San Mamés. La alineación experimental ideada por Caparrós, un tanto forzada por las circunstancias de las lesiones sufridas por algunos pesos pesados del vestuario, no permitió revisar planteamientos, ni reciclar viejos defectos. Con ocho futbolistas procedentes de la fábrica de Son Bibiloni, el Mallorca desperdició la primera parte como viene siendo habitual, ya lo hizo en Santander incluso con el marcador a favor, y mereció algo más en la segunda, cuando se decidió a enfrentar de cara a los crecidos leones de Bielsa. Le faltó, igual que muchas otras veces, la pegada para hacer tangible su orden defensivo y su buena actitud. Pudo encajar algún gol más, pero también debió marcarlo de haber contado con mayor acierto y más fe en el remate.    

                                                                  
    Superada la sopresa inicial de ver a Bigas en funciones de pivote y a Tejera en el banquillo, la forzada sustitución del primero por el segundo cargó de razón al técnico, al que quizás se le pueda achacar el tardío cambio de guión después de que, a los doce minutos, Llorente aprovechara el único desliz defensivo de Martí Crespí. El entrenador utrerano diseñó el plano para no encajar goles, pero una vez batido Aouate no tenía ningún sentido mantener el dibujo durante el resto del primer periodo. La inoportuna lesión del mallorquín y la entrada del catalán, restaron verticalidad al cuadro balear que nos hizo concebir esperanzas de algo más a lo largo de los primeros veinte minutos después del descanso. Al final, con una avalancha desordenada, quedó a salvo la imagen, pero no el resultado.

    El sábado, drama en Son Moix. 
    La derrota no debería influir en el ánimo ni en la estabilidad de los mallorquinistas, pese a que la victoria del Zaragoza sobre el Granada obliga a los aragoneses a dejarse la piel en Palma en busca de sus postreras opciones de salvación. El empate no les vale, pues la distancia entre ambos se mantendría en los nueve puntos actuales, con sólo doce sobre la mesa,  aunque podría reducir eventualmente la ventaja que aún alumbran Granada y Villarreal. No hace falta añadir que el triunfo local sellaría matemáticamente el visado balear para continuar en la élite del fútbol español, por mucho que sea discutible el verdadero nivel de este falso olimpo balompédico.      

    La semana viene marcada por el Clásico que decidirá si el título de Liga regresa definitivamente a Madrid o permite al Barça esperar un nuevo despiste de los de Mourinho. Algo similar, salvando las lógicas diferencias, le ocurre al Baleares a medida que se acerca la hora de la verdad, porque tanto esfuerzo no habrá servido de nada si los de Siviero llegan al asalto del ascenso con la dinámica invertida. No sé si la fe mueve montañas, pero estamos absolutamente seguros que conduce a ganar batallas. En este caso se hace imprescindible para obtener el botín de la guerra, dicho sea en son de paz pese al belicismo de los términos.

     

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