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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 24
    Enero
    2014

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    No es uno solo, sino uno más

    Lo que ha sucedido en el Barça no puede quedarse en los límites del bosque, ni ser considerado solo como uno de los árboles que impiden contemplarlo en toda su extensión. La dimisión de su presidente no pasa de ser la anécdota que ilustra la podredumbre que rodea el mundo del fútbol entre otros, por desgracia y por supuesto. No emitiremos juicios de valor acerca de un asunto imbuido de una verdad periodística indudable, pero que aún no ha alcanzado rango jurídico. De hecho no hace ninguna falta para deducir razones más simples al margen de sus condicionamientos fiscales y legales. Quienes se escandalizan cual beatas de parroquia por los detalles que trascienden en relación al contrato de Neymar, ignoran que cláusulas iguales o parecidas se incluyen en el noventa por ciento de los contratos de profesionales incluso de Segunda División. En menor escala, desde luego. Lo malo es que a un club más modesto ya no se le permitiría llegar a ciertos extremos para los que los grandes y, más en concreto, los renegados a convertirse en sociedades anónimas tienen tácito salvo conducto, sea para contratar a un astro brasileño, igual que a uno portugués, argentino o irlandés.

    La pregunta es: ¿para qué sirven los controles de los que presume la FIFA, la UEFA, la Liga de Fútbol Profesional o el Consejo Superior de Deportes, si al final quien descubre y denuncia el presunto pastel es un señor de Olesa de Monserrat? Seguramente bien aconsejado por una amplia corte de samaritanos. ¿No habrían saltado las alarmas de haber incurrido en irregularidades en un contrato de cualquier otro equipo, salvo el Real Madrid o quizás el Atlético? Si queremos entrar de verdad en el fondo del asunto, hay que asaltar literalmente y derribar el muro de este reino que preside Blatter, con sus secuaces en cada país, para remodelar el inmenso submundo de desigualdad, despilfarro, golfería y corrupción que es el balompié mundial porque Sandro Rosell, créanlo, no es uno solo sino uno más, y el caso Neymar la parte visible de cualquier iceberg.
      

     

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