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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 22
    Mayo
    2014

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    Ni mejor, ni peor que otros

    Ayer me preguntaron si en mi opinión el Mallorca descendería a Segunda B y, como es natural, respondí que no tengo la menor idea. También inquirieron en relación al efecto que se puede lograr sustituyendo a un entrenador cuando sólo faltan tres jornadas para completar la competición. Puse un ejemplo. El de una bebida gaseosa que ha perdido su efervescencia y la agitamos con fuerza para conseguir el mínimo de espuma suficiente que nos permita una última copa. En definitiva, metáfora aparte, tratar de romper una dinámica, de introducir un elemento químico capaz de provocar una reacción dentro del recipiente caducado.
     
    Sinceramente,  la opción Olaizola-Alomar no me produce el calculado desprecio del que hizo gala el pollencí Gabriel Cerdà, por desgracia presidente del Mallorca. No es ni mejor, ni peor que la del tándem Jaume Bauçá-Nando Pons que sustituyó a Serra Ferrer en la penúltima jornada y a las puertas de una promoción de ascenso, ni tampoco que la dupla Llompart-Bonet, la cual relevó a Víctor Muñoz primero y a Sergio Kresic temporadas después. ¡Claro!, a determinados personajes es mucho pedirles que conozcan la historia y mucho más aún pretender que aprendan de ella que, por otra parte, es lo único que da sentido al pasado.
     
    Me gustaría que a Olaizola le fueran bien las cosas. También habría deseado lo mismo a Carreras, aunque las circunstancias personales son diferentes. Y me explico. Hay personas con las que el Mallorca está en deuda. Por ejemplo Antonio Oviedo Saldaña, de nuevo en el club gracias al máximo accionista. Y, entre otros, también el vasco que sufrió un monumental desaire cuando en la final de la Copa del Rey ganada en Elche al Recreativo, Miguel Angel Nadal ignoró su condición de capitán e hizo subir con él a Chichi Soler, que jornadas antes había renunciado al brazalete y, en consecuencia, la distinción. Nueve temporadas consecutivas defendiendo con ahinco esta camiseta, sin apenas ausencias y ganándose a pulso el puesto para el que siempre contrataban a un nuevo recambio sin éxito alguno, justifican la presente medida, una oportunidad para un mallorquinista de adopción que, también en su vida personal, ha superado retos tan o más importantes que éste.

     

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