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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 09
    Diciembre
    2013

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    Ni Jesús Gil en sus buenos tiempos

    A lo largo de cuarenta y tres años de profesión he contemplado el desfile de dieciséis presidentes del Mallorca, con sus correspondientes directivos. He visto de todo, desde pasearse por el campo del Gandía mostrando un fajo de billetes en el bolsillo interior de la chaqueta y gritando al público que había comprado al portero, hasta visitantes asiduos en casas de lenocinio, condenados por la justicia y presos o, en un plano menos extremo, aquel que regresaba en taxi hasta Madrid desde el punto más alejado del norte de España para no coincidir con los jugadores si perdían.


    Nunca conocí a ninguno aquí o en algún otro club, al menos que yo sepa, capaz de irrumpir en un vestuario durante el sagrado espacio de tiempo que, entre calentamiento y partido, el entrenador invierte en remarcar a sus jugadores las últimas instrucciones. Salvo, eso sí, para ofrecer una prima especial; que no fue el caso. 

    Cerdà no debió aprender nada de su fugaz e inédito paso por la junta del Barcelona, donde Serra Ferrer fué a conocerlo en mala hora. O eso dicen. Tampoco parece que le interese mucho formarse e informarse, aunque es de suponer que prolongará al vestuario su particular e intensa caza de brujas entre los empleados del club, para descubrir qué jugador o jugadores han filtrado el esperpento sin la menor intención peyorativa, sino como expresión de su desagradable sorpresa y manifiesta incredulidad. No se hubiera atrevido ni Jesús Gil en su esplendor, ni lo habría hecho con un técnico menos complaciente que José Luis Oltra.

    Si ya es gravísmo que uno pretenda gobernar una sociedad sin más que un exiguo cinco por ciento del capital, cada paso del presidente en funciones del Mallorca inquieta todavía más que el anterior. Nadie con menos conocimientos ha pretendido salarios más altos, mientras rebajaba los de los futbolistas a los que quiere arengar.

     

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