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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 08
    Febrero
    2014

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    Mucho discurso y ningún mensaje

    Cuando uno escucha la mayoría de ruedas de prensa de técnicos y jugadores, plagadas de preguntas tópicas y respuestas retóricas, echa más que nunca en falta la figura de Luis Aragonés. Aquí, en concreto, hemos pasado del cansino “hay que apretar” de Caparrós, a los soliloquios de José Luis Oltra, entrenador de verbo fácil y enjundia escasa. Sin embargo, tiene razón al afirmar que su futuro está ligado al del equipo, porque en caso de regresar de Alcorcón con el zurrón vacío habrá dejado una ardua, sino imposible, tarea a su sucesor.

    El mallorquinismo no le agradecerá lo suficiente el hecho de que, a la vista del navajismo imperante en la planta innoble de Son Moix, no haya atravesado la puerta contrato en mano para reclamar el abono de sus emolumentos hasta la fecha y adiós muy buenas. Pero ya que no ha tenido el coraje ni la convicción para ello, tendrá que apechugar con las consecuencias.

    He conocido preparadores que han creado un equipo sin la menor materia prima, Héctor Cúper, y he visto reducir a la nada a conjuntos homogéneos y hasta selecciones, como a Maradona. He conocido a grandes jugadores, tipo Laudrup, fracasar en los banquillos, y a futbolistas de medio pelo, Serra Ferrer, triunfar desde la banda. Igual que en la vida misma hay verdaderos analfabetos que han medrado nadie sabe cómo ni por qué, y genios condenados a la oscuridad. A veces es cuestión de suerte; otras, no tanto.

    El hombre que hoy dirige y rige el vestuario profesional no fue un tuercebotas ni una estrella. Al sustituir el pantalón corto por el chándal, repartió éxitos y fiascos por igual. Y no, en Palma no ha sido capaz de sacar de sus discípulos el rendimiento que de ellos se podía esperar. No es su culpa, de acuerdo, pero sí su responsabilidad. Carente de mensaje, el equipo refleja lo inocuo de su discurso.

     

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