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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 15
    Abril
    2014

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    Medidas extraordinarias

     ¿Fin de ciclo, mala planificación, jugadores desmotivados, entrenador que no transmite exigencia, directiva dividida, presidente no electo? Pues no, no estaba refiriéndome al Barcelona, sino al Mallorca. Salvando las distancias, naturalmente. Cada aficionado culé tiene una respuesta para cada capítulo de la pregunta, igual que los seguidores mallorquinistas uno por uno. Pero hay momentos y circunstancias en las que la realidad a la que uno se ha de enfrentar se impone a cualquier reflexión. Es el imperio de las urgencias. Si disponemos de tiempo para ocultar un objeto con el fin de que nadie lo halle, lo colocaremos demasiado a la vista, sin embargo si hay que actuar en una fracción de segundo, ni nosotros mismos recordaremos dónde lo pusimos. A Lluís Carreras le están traicionando las prisas. No se le puede exigir nada porque no ha participado de ninguna decisión en cuanto a la composición de la plantilla. Ni siquiera en relación a los fichajes de invierno. No obstante algunas de sus decisiones resultan incoherentes. Riverola ha pasado de titular, contra viento, marea y rendimiento, a la grada sin pasar por el banquillo y Alex Moreno ha efectuado el recorrido inverso sin mediar explicación. Aparte tales medidas, seguramente argumentadas en la mente del técnico, llama la atención que el banquillo de El Toralín albergara una relación de suplentes que ya quisieran muchos equipos de la categoría: Aouate, Cadamuro, Martí, Alfaro, Geijo, Bigas y Razzagui. Y es que si la máxima presión tiene que caer sobre chavales de 17 y 20 años, mientras los veteranos, que son quienes deberían portar bandera y estandarte, se escaquean es que han dejado de funcionar más cosas de las que podíamos imaginar. Y ahora ya no hay espacio ni tiempo para meditar. La sombra del descenso preocupa más que la lucha por un ascenso que ya se asume inalcanzable y la necesidad impele a actuar con inusitada rapidez. No se admiten ensayos, experimentos ni oportunidades, sólo cuenta la improvisación o, dicho de otra manera, echarle un par le toque a quien le toque.

     

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