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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 18
    Marzo
    2014

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    Los jugadores no tienen la culpa

    El cese de Paco Herrera como entrenador del Real Zaragoza acentúa el paralelismo entre la errática trayectoria de los aragoneses y la del Mallorca. Una delicada situación económica, catastrófica la social y precaria la clasificación del equipo. La afición de uñas con todo lo que se mueve, pitos al palco a los 32 minutos de cada partido en La Romareda y, con perdón, ningún vuelco que permita vislumbrar el fin de la pesadilla. Lo crean o no, y aún reconociendo que la afición tiene sobrados argumentos para su protesta, este no es el mejor camino para mejorar las cosas.

    En primer lugar, porque toda generalización acarrea injusticia y, además, porque el palco nunca puede robar protagonismo al terreno de juego. Santander fue el ejemplo más reciente, pero no el único.

    La Premier League, que no es perfecta, ofrece un rosario ejemplar de comportamientos y también de métodos. Los dirigentes de sus clubs son, en su mayoría, grandes desconocidos y, desde luego, apenas aparecen en los medios de comunicación, donde los protagonistas siempre son los entrenadores y los futbolistas, pase lo que pase.

    En España concedemos demasiada importancia a aspectos que poco tienen que ver con el juego en sí mismo: arbitrajes, protocolos.... Y los aficionados parecen intocables. No debe ser así. Cuando Gregorio Manzano soltó la famosa frase de la paella, tenía toda la razón. Roy Keane, cuando vestía la camiseta del Manchester United también dijo que “nuestros seguidores vienen al estadio a comer sandwiches de gambas, sin tener ni idea de lo que está pasando en el campo”.

    Pues bien, eso es lo que se tiene que evitar en Son Moix, donde ninguna pancarta, muñeco, grito o manifestación debería ser más importante que el partido. Los profesionales, mejores o peores, no tienen la culpa de los desmanes de sus patrones.

     

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