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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 07
    Agosto
    2013

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    La reconstrucción

    Siete mil socios a falta de dos semanas para el primer partido de Liga en Son Moix son muchos para los tiempos que corren y la categoría en disputa. No serán los dieciocho mil anhelados, cifra casi desconocida en la entidad con la única excepción de la temporada 1983-84, pero sí algunos más que los esperados a raíz del descenso. Hay que distinguir entre el mallorquinismo practicante, limitado y perezoso, y el creyente, mucho más conectado a la sociedad. Una cosa es la masa social latente, que es amplia, y otra la afición de a pié, más dada al sacrificio de acudir al campo, aunque la moda horaria imperante dificulte en grado extremo tales muestras de fidelidad. La primera de ellas sólo vive pendiente del resultado, se alegra por la victoria y no se desangra en la derrota, al contrario que el aficionado más visceral. No le importan las cuentas, ni las guerras intestinas, ni tampoco las vicisitudes económicas que afectan al club siempre y cuando nadie pase el cepillo. Equilibrar ambas fuerzas en  aras de una estabilidad necesaria ha sido uno de los caballos de batalla de antiguos directivos, tanto en tiempos de entidad deportiva como de sociedad anónima. Sin éxito. La causa tendríamos que buscarla en más de un foco u origen, incluso mas allá del escaso interés de la mayoría de mallorquines en proyectos de índole colectiva.El proyecto que un día se decidió a asumir y liderar Serra Ferrer, con el poco reconocimiento popular que su paso adelante merecía, trata desde el principo de asegurar la supervivencia del Real Mallorca SAD al margen y por encima de tales peculiaridades. Conseguir que el club no dependa de los vaivenes del balón o de la fortuna y, mucho menos, de los caprichos o intereses del iluminado o sinvergüenza de turno. Lo malo es que, lo consiga o no, nadie se lo va a agradecer; ni los forofos, ni los comodones.

     

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