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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 10
    Abril
    2014

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    La foto de la vergüenza

    ¡Vaya!, pues como por arte de magia ha salido de la chistera de Esfinge 20 una factura que, sin firma, se asegura que es la que en realidad sustituye a la rubricada. No vamos a entrar en semejante debate, tan obvio como inútil, porque en realidad no nos afecta lo que la sociedad de Javier Tebas ha podido cobrar, sino lo que el Mallorca pagó, que no es lo mismo. Y ya se sabe, excusatio non petita...

    Cambiemos de asunto. Hay que criar escamas, pero de las de armadillo, para hacerse una foto rodeado de una plantilla que no te quiere ni ver y a la que has vilipendiado públicamente, como presidente accidental, nunca mejor dicho, de un club cuyos consejeros votaron tu cese, sólo impedido por un pacto que nunca se debió aceptar y para figurar, sin poder ni firma, al frente de un club cuya afición no se ha hartado de pedir tu dimisión. Conseguir unanimidad en el Real Mallorca siempre ha sido una tarea árdua, aún más difícil en los tiempos que corren y sin embargo no hay un solo estamento de la SAD y su entorno que se sienta representado por Gabriel Cerdá, indiferente al rechazo que provoca.

    La instantánea que ayer se captó en Son Bibiloni, no puede formar parte de la historia del club, salvo para señalar su etapa más desgraciada. La figura de este personaje no puede quedar archivada en ninguna galería junto a Jaime Rosselló, Juan de Vidal y Salvá, José Fandos, Pau Llabrés, Pablo Servera, José Barona, Miquel Contestí, Miguel Dalmau o Mateu Alemany por citar sólo a unos cuantos. Dando por descontado que, con toda seguridad, jamás la veremos en la vitrina o el escaparate de alguna peña. Pero la osadía, como la vanidad, no conoce límites. Ni corto ni perezoso, el presidente sin cartera se atrevió a pisar por enésima vez el terreno sagrado y prohibido del campo de entrenamiento apoltronado en un banquillo y, lo que es más grave, junto a un representante de futbolistas, al que fue presentando uno por uno a todos los jugadores.

    Si el máximo accionista se hubiera atrevido en algún momento a hacer algo parecido, los palos, críticas y sospechas habrían llenado más folios que los del caso Noos. Créanme, ahora que se aproxima la Semana Santa, el mallorquinismo tendría que salir en procesión para que el club no termine cayendo en manos de los Biel Cerdá, Pedro Terrasa, Utz Claassen y compañía.

     

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