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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 17
    Noviembre
    2013

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    La excusa perfecta

    El entrenador del Mallorca es el único ser humano que aprecia una mejoría del equipo. El mal arbitraje del andaluz Munuera Montero fue una vez más la  excusa perfecta para exculpar a los jugadores y a sí mismo de lo que, transcurridos como de costumbre los primeros veinte minutos, fue una repetición de los errores que se reproducen cansina e irremediablemente desde la primera jornada; y llevamos catorce. Pero el colegiado, que es muy malo, no benefició a los locales tanto como se dice. Pudo ser riguroso en la expulsión de Geromel y hasta nos deja la duda de la posición de Luis en el segundo gol blanquiazul, pero acertó al anular un tanto visitante por fuera de juego de Alfaro, al conceder el tercer gol gallego y al no indicar penalti en un manotazo dentro del área deportivista que fue... De un delantero bermellón. Asi que, menos lobos.

    IGUAL QUE EL líder de una secta, José Luis Oltra indujo a sus pupilos a un suicidio colectivo del que la impotencia del central brasileño, obligado a taponar las numerosas vías de agua que abren sus impasibles compañeros, era la más viva y elocuente representación. Sería interesante descubrir cómo había visualizado el técnico el partido para alinear el centro del campo más lento e inocuo de la categoría: Riverola desubicado y falto de ritmo; Íñigo tan desaparecido en la banda como de pivote; Thomas, que empeora jornada a jornada y Alfaro, desperdigado e impreciso. La sustitución de los dos primeros suena a rectificación tardía desde un banquillo sin rumbo.


    EL PROPIO FERNANDO VÁZQUEZ en la víspera anticipó que la baja de Nsue restaba velocidad a su contrincante. No podía imaginar que su predecesor en el vestuario de Riazor iba a ralentizar todavía más el juego de su propio conjunto hasta que introdujo a los chavales Álex Moreno, incomprensiblemente remitido al filial en las dos jornadas anteriores y Marco Asensio, de cuyas botas salió algún balón inteligente para crear alguna de las pocas oportunidades generadas ante la meta del fallón y complacido Lux. Para entonces todo el mal ya estaba hecho y buscar la épica con diez futbolistas sobre el terreno de juego, ante un contrario experto y conservador, era poco más que un ejercicio de voluntarismo sin la menor posibilidad de éxito.

    EN MEDIO DE TANTO DISCURSO SIN SUSTANCIA agradeceríamos que el valenciano aclarara en qué se concreta la mejoría que solamente él observa. Desde luego no será en la defensa de los corners, procedencia de dos de los tres goles encajados, y van veintiséis, ni en el alto rendimiento del insustituible Alfaro, la curva descendente de Thomas y Moreno o las decisiones tan irrelevantes de convocar a Antonio López para dejarle en la tribuna -no será para que se aclimate a estas alturas de su carrera- o dar entrada a Geijo cuando no queda más tiempo que el de esperar al final. Tampoco hemos notado algún avance en la salida del balón, en movimientos de desmarque o el intento de evitar la  pérdida de la pelota en zonas muy peligrosas.   

    PARA LOS AMANTES DE LECTURAS PARCIALES,  a las que ha recurrido Oltra al reseñar los partidos en que Miño o Aouate no encajaron goles, sólo se han sumado dos puntos de los últimos doce. Y esto no es lo peor, sino el hecho de que en una Liga tan igualada en la que ni en el mejor de los casos parece probable que el Mallorca alcance posiciones de privilegio con suficiente margen sobre sus rivales, los resultados desfavorables que acumula auguran desventaja en caso de empate. El tiempo pasa y el consuelo de tontos que ofrece la marcha, entre otros, del Zaragoza, no resta inquietud, sin olvidar que ellos también nos metieron cuatro.

     

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