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Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 27
    Mayo
    2013

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    La agonía se prolonga

    Hay una parte del refrán “A Dios rogando y con el mazo dando” que los jugadores del Mallorca no entienden; la segunda, evidentemente. Hace tiempo que, tal vez conscientes de sus limitaciones, algunas de ellas evidentes en el plano individual, han fiado su permanencia a la oración en busca de un milagro que les permita permanecer inmerecidamente en primera división. Ayer tocaba ganar sí o sí, pero el miedo a perder se impuso tanto en su mente como en sus corazones y no hablemos en sus piernas. Un empate en el Vicente Calderón ante el mejor Atlético de los últimos años hubiera sido un buen resultado en otras circunstancias, pero el único detalle capaz de revelar que a los bermellones les iba la vida en los tres puntos fue el de enviar a Geromel al área, ya en tiempo de descuento, a la caza de algún avión de papel que, de cualquier forma, nunca sobrevoló por las inmediaciones de la portería defendida por Courtois.

    Uno de los pocos secretos que el fútbol todavía guarda celosamente es el contenido de las charlas de los entrenadores. Nunca sabremos qué dijo Gregorio Manzano a sus pupilos para que, a medida que avanzaba el cronómetro, bajaran su ritmo e intensidad. Tal vez aquello de que si no puedes ganar a tu rival, al menos no pierdas. Eso valía jornadas atrás, pero ayer era un mensaje vacío e inútil. Y hablando de inservibles, tanto Víctor Casadesús como Giovanni Dos Santos, merecerían el castigo de ver el partido íntegramente cien veces para que, en el resto de su vida deportiva, jamás volvieran a repetirlo. El mexicano, conocedor de que no descenderá aunque lo haga el equipo, presentó su dimisión al primer encontronazo y el de Algaida no necesitó ni siquiera un choque para relegar su responsabilidad a sus compañeros hasta que, muy tardiamente, fue sustituido.

    Allí solamente Diego Costa quería pelea, los demás dieron la sensación de haber firmado un pacto: nosotros no os ganaremos si vosotros no nos aguais la fiesta. Así el reciente campeón de Copa reeditó la alineación de quienes la conquistaron y que, por fortuna, todavía estaban contando los regalos que se habían traido de Singapur. El ataque del Mallorca, tan caballeroso como inexistente, devolvió con generosidad los errores marcianos, por alucinantes, ante la meta de Aouate. Falcao, en la más bien triste despedida de su afición, hasta tocó en fuera de juego un balón que entraba sin necesidad de su pie salvador. Y Víctor, cómo no, le regaló al portero un balón caído por casualidad sobre su cabeza sin duda confundido ante lo improbable de la acción. El chico lleva meses sin hablar con los medios porque se siente poco valorado y toda la temporada sin sumar ningún mérito para que estos mismos medios se ocupen de él.

    Me temo que, a lo largo de toda la semana, seguiremos escuchando el sonsonete de que mientras hay vida, hay esperanza y hasta que las matemáticas no sentencien la Liga, puede pasar cualquier cosa. La verdad, para llegar a la última jornada pendientes del marcador simultáneo en lugar de lo que se dé sobre el terreno de juego, no valía la pena. Mejor haber perdido con el Betis o anoche y nos evitábamos tantas historias. El Mallorca ha sido incapaz de mostrarse superior ante equipos eminentemente más débiles como el Deportivo, el Zaragoza y el Celta, por citar a sus compañeros de fatigas. Ahora resulta bastante triste confiar las muy escasas opciones de conservar la categoría a los fallos de otros, en lugar de ponderar los aciertos propios. Claro, no los ha habido y cuando han llamado a rebato, se han borrado los futbolistas clave; unos por desidia y otros por falta de calidad. Pero el sábado por la noche habrá justicia para todos.

     

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