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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 19
    Octubre
    2013

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    Esperanza, poca fe y nada de caridad

    Si Carlo Ancelotti afirma que el Real Madrid no puede jugar peor y por lo tanto sólo cabe mejorar, imagínense el Real Mallorca, por odiosa y desafortunada que sea la comparación.

    A José Luis Oltra no le pedimos que su equipo nos asombre con un fútbol ofensivo, vistoso y de filigrana. Héctor Cúper nos hizo ver las ventajas del resultadismo y con la llegada de Joaquín Caparrós supimos que aún nos queda cuerda para aferrarnos al marcador siempre que sea necesario. Compartimos con Javier Clemente que quien quiera espectáculo que compre entradas para el circo, Du Soleil preferentemente, solamente nos preocupa, eso sí, lo que pueda suceder el día en que no tengamos guarismos a los que confiar nuestra esperanza, aunque sea lo último que se pierde. 

    La duda incluso puede aportarnos emoción, igual que en las novelas, pero eso requiere un final feliz, casi siempre garantizado en la ficción pero no en el fútbol. Y es que no es lo mismo venir de la decepción de un descenso injustificado, que alumbrar la ilusión de un ascenso que se presume a más largo alcance del que señalan los diez largos meses de campeonato.
    Nos falta fe. Cierto. Los tiempos no invitan a practicar las virtudes teologales, una de las cuales, la caridad, se le da tan bien al Mallorca cuando se enfrenta a rivales en mala situación. El Zaragoza, sin ir más lejos.

    Así que no aspiramos a ganar el cielo. Para nada. Únicamente a pasar por Segunda División lo más rápidamente posible. Para ello hace falta suerte, cierto, pero también es necesario poner algo de la parte de uno. Este fútbol de nuestros pecados es un juego que, como tal, contiene componentes propios del azar que a veces reman contigo y otras en contra, pero hace falta algo más y eso es precisamente lo que pedimos. Por si acaso.

     

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