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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 15
    Marzo
    2014

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    Entre la justicia y la justificación

    Advierto que lo que voy a escribir seguramente será impopular y, por supuesto, políticamente incorrecto, pero no por ello menos veraz.

    Corría el año 1992 cuando el Mallorca se vio forzado a convertirse en Sociedad Anónima Deportiva. No parecía el mejor momento para acometer tal tarea, pues había dimitido Miquel Contestí como presidente y el equipo descendió a Segunda División. Pau Llabrés quedó al frente del club, pero fue el fallecido doctor Dalmau, con la ayuda de Javier Cabotá, entre otros, quien lideró una operación diseñada para que los mallorquinistas de toda la isla suscribieran el capital y constituyeran una base social lo más amplia posible. Si la memoria no me traiciona, creo que se podían adquirir títulos a partir de apenas diez mil pesetas.

    No hace falta añadir que la convocatoria fue un rotundo fracaso y que aquellos que terminaron por evitar la desaparición del club o, en el mejor de los casos, su descenso a categorías no profesionales como ha ocurrido con el Gudalajara, casi el Mirandés y podría ocurrirle al Eibar, no solamente fueron abucheados y vilipendiados, sino que a los tres años tuvieron que malvender sus títulos a Antonio Asensio Pizarro, a la sazón principal y mayoritario accionista de Antena 3 Televisión.  

    Se preguntarán a qué viene ahora este relato. Pues sí, precisamente a cuento de la falta de eco que el Mallorca ha encontrado entre sus seguidores. Es el instante idóneo para plantearse por qué el campo no se ha llenado cuando se han cobrado entradas a cinco euros e incluso se han regalado. Ahora, que surgen movimientos de justa protesta por aquí y por allá, conviene reflexionar sobre cuántos de los exigentes espectadores y potenciales manifestantes son abonados, pagan religiosamente su localidad o, simplemente, acceden al campo por invitación. Y no es una crítica para ellos, entiéndanlo, sino a toda la sociedad e incluso extrapolable a las aficiones de la mayoría de clubs. Y no sólo insulares.

     

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