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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 10
    Mayo
    2013

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    En manos de las virtudes teologales

    Cuando el Mallorca no ha sido capaz de ganar más que a uno solo de sus rivales más directos, el Celta, y ha fracasado frente al Zaragoza y el Deportivo, creer en su victoria en San Mamés resulta un desesperado ejercicio de dogma como respuesta a la convicción de lo inevitable.

    Sí, la fe mueve montañas, aunque a la vista de los últimos partidos disputados por el Athletic, se necesitaría más que eso para lograr un triunfo que cambiara radicalmente tan deseperada situación. Ni siquiera cabe recurrir a estadísticas inservibles, ni a anecdóticas citas del pasado. Los hechos prueban que los nueve puntos que separan al anfitrión del visitante no son una casualidad, sino el producto de que, habiendo hecho mal los deberes tanto uno como el otro, el ejercicio de los mallorquinistas es aún mucho peor.

    Los de Bielsa juegan muy irregularmente, pero saben lo que hacen independientemente de cómo les salga; los de Manzano no parecen tener claro un solo concepto del juego, hasta el punto de que cuando el entrenador afirma que “para vencer hay que acertar en las dos áreas” es difícil adivinar en qué está pensando o cómo ha visualizado la impresión previa del partido.
      
    Se hacen muchas cábalas, en relación a distintas alineaciones e incluso cambios de dibujo. Las revoluciones se imponen pocas veces, pero ninguna de ellas cuando se producen demasiado tarde. La herida que Joaquín Caparrós dejó en este equipo –casi media vuelta de Liga sin ganar un solo partido– era muy profunda y casi imposible de cicatrizar. Su sucesor lo ha intentado sin éxito y el enfermo incluso presenta peor fisonomía hoy que ayer.
     
    Nosotros, menos avezados, no acertamos a imaginar cómo salir de ésta, pero si nos hemos de refugiar en las virtudes teologales, ¡vale! Total, no nos queda otra. Pero digámoslo así y claramente, como solamente Héctor Cúper hizo en su momento. Y sí, lo salvó.

     

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