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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 24
    Noviembre
    2013

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    El primer examen parcial

    Sólo los resultados cesan a los entrenadores, no su trabajo. Un triunfo circunstancial, no por ello menos merecido, seguramente ha evitado la destitución de Oltra al frente del Mallorca. No le ha salvado una mejoría siquiera mínima en el  comportamiento del equipo, al que no se le exige un juego espectacular sino, simplemente, de acuerdo con la categoría que ocupa. Por lo tanto la reciente victoria ante el Alavés no debería haber influido en una decisión que quizás haya que tomar de todas maneras. O no. Esa es la cuestión. Si hemos de valorar el rendimiento obtenido a lo largo de las primeras quince jornadas de Liga, ni el técnico ni los jugadores alcanzan el aprobado. Al contrario, los defectos son idénticos, las virtudes muy pocas y casi imperceptibles. Pero tampoco es plan, tener que trabajar permanentemente con la soga en torno al cuello.

    SE HA CUMPLIDO EL PRIMER TERCIO del campeonato, en el que nada se decide, aunque los puntos suman igual que en el último tramo. Por supuesto que hay tiempo para mejorar, pero también para empeorar. Ignorante pero premonitorio, el presidente del consejo de administración mallorquinista situaba al conjunto a seis puntos del ascenso directo. Y lo está. Otra cosa es que la única premisa que se viene cumpliendo es la de vencer a quienes caminan por debajo en la clasificación a la par que toca perder con los que van por arriba. Los números no mienten, pero si los guarismos ya son malos en términos generales, aquellos que computan para el posicionamiento final, son aún peores.


    SI SE MANTIENE LA TÓNICA ACTUAL la derrota el sábado en Ipurúa está asegurada. El Éibar es el segundo equipo que gana en Huelva después del angustioso paso del Mallorca por el Nuevo Colombino, que parecía tan inexpugnable. Los armeros no destacan por su eficacia goleadora, aún así superan a los de Oltra en esta faceta y ya no hablemos en la defensiva, la cuarta menos goleada. La manifiesta igualdad entre los veintidos competidores restaría importancia a estos datos en condiciones normales pero, además de que los palmesanos no invitan a ninguna tentación optimista, la ley de Murphy recae con toda su intensidad en el vestuario de Son Bibiloni, donde anida la falta de liderazgo y se alimenta la tesis de la involución como contrapartida a la evolución y la mismísima revolución.

    EN UN CLUB INGOBERNABLE en el que el mayor accionista ve reducida su parcela a lo estrictamente deportivo, sin menoscabo de que un exiguo cinco por ciento mande, ordene y hasta se permita confiar en el entrenador el jueves sin garantizar su continuidad el lunes siguiente, no puede ocurrir cualquier cosa. Se equivocan quienes entienden que el caos que sobrevive en los despachos no se contagia a la plantilla. Los futbolistas son absolutamente influenciables aunque parezcan muy seguros y, sobre todo, aprovechan el menor síntoma de debilidad para abdicar de su propia responsabilidad. La evidente desunión que impera arriba se proyecta al entorno y termina por debilitar la estructura del club y hasta su propia esencia.   

    LOS JÓVENES LLAMAN A LA PUERTA del cielo, pero no como Bob Dylan en la inolvidable ‘Knocking on the heaven’s door’ de Pat Garrett y Billy the Kid. La implicación de Álex Moreno, las cualidades de Marco Asensio, las buenas sensaciones de Álex Vallejo y el porvenir que se adivina en algunos chavales como Cédric, Brandon o Cristeto, actúan como contrapeso al pesimismo reinante. Serra Ferrer ha logrado reunir a un plantel que suaviza el color del horizonte. El problema es el presente, demasiado condicionado por el pasado para poder influir decisivamente en el futuro.

     

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