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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 07
    Noviembre
    2013

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    El efecto de la última bola

    Suplo mis desconocimientos técnicos con las explicaciones que me dan mis pequeños maestros. Escucho a Juan Amador, compañero de fatigas en este diario y recibo explicaciones de Toni Peñas, quien fuera durante un largo periodo presidente de la Federación Balear de Tenis, que ayer trataba de hacerme entender –gráficamente– como golpea la bola Rafa Nadal y por qué gana. Hace mucho que la edad me ha retirado de las pistas de tenis y habrá que ver cuándo me echan los compañeros de pádel, por malo.

    Al traspasar la línea del deporte de aficionado al semiprofesional ya entran en juego otras cualidades más allá de la condición física y técnica. Ya ni hablemos cuando cruzamos a nivel profesional absoluto y, todavía un escalón más arriba, a la elite. Rafa terminará el año como número uno por tercera vez, para cabreo de Djokovic diga lo que diga. Igual que puede certificar su diploma como mejor deportista español de todos los tiempos y aún no mejor tenista mundial en los anales de la raqueta para no faltar al respeto a Roger Federer, que sigue en activo. Pero todo esto no lo ha logrado solamente por jugar mejor que sus oponentes, que también, sino por virtudes inherentes a su carácterque no son frecuentes ni fáciles de controlar.

    Lo que particularmente me causa mayor admiración entre sus numerosas y más que descubiertas cualidades, es lo que yo denomino el efecto de la última bola. Si Woody Allen describía en la película Match Point la trascendencia de aquella fracción de segundo en que la pelota golpea la parte superior de la red y queda suspendida hasta caer a un lado u otro de la red, Rafa domina los tiempos de esa jugada que decide un set a favor o en contra, incluso un partido.

    Domina la responsabilidad cuando la tiene a favor, y controla el miedo si puede perder. Es como si nunca perdiera la calma. Como si supiera de memoria que ninguna circunstancia del juego debe acabar con la tranquilidad de quien empuña la raqueta. Es catedrático en estos lances donde incluso grandes jugadores han perdido partidos que tenían ganados. Esta es, para mi, su grandeza.

     

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