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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 03
    Mayo
    2014

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    El dinero no hace feliz

     Si todo se redujera al presupuesto, el fútbol sería muy aburrido ya que siempre ganarían los mismos. Aunque la supremacía del Barça y el Madrid en la Liga española confirma la hipótesis, la irrupción del Atlético de Madrid, vigésimo segundo club europeo del ranking presupuestario en la final de la Liga de Campeones desmonta, al menos parcialmente, el teorema.

    Es cierto que las sociedades anónimas deportivas con más dinero parten con mejores opciones para confeccionar sus plantillas y organizar sus equipos, pero no todo es cuestión de talonario, tal como bien se describe en esta misma página al comparar al Mallorca con el Eibar, aunque igualmente válido sería colocar en el fiel de la balanza al Zaragoza y el Mirandés o, por qué no, el coste de filiales como los de Valdebebas y el Mini Estadi en contraposición al del Real Jaén, por ejemplo.

    Una tesorería saneada no garantiza una buena inversión. Los datos estadísticos reflejan que los mejores directores deportivos aciertan no más allá del cincuenta por ciento de los fichajes. Una cuenta corriente limitada tampoco es sinónimo de penuria deportiva, en tanto en cuanto las deficiencias técnicas se suplen con velocidad, entrega, sacrificio y solidaridad, virtudes que suelen acompañar a los más pequeños.

    No es fácil que los más ricos acaben descendiendo de categoría. Si acaso los más pobres tienen más capacidad de sorprender. Pero no podemos soslayar que proyectos muy caros como los de Jesús Gil, así como del Valencia, Sevilla, Betis y otros, dieron con sus huesos una categoría más abajo y otros no frenaron su caída hasta la propia desaparición.

    El fútbol y la lógica tienen una extraña relación. Discurren en paralelo hasta que, puntual y ocasionalmente, divergen. El problema surge cuando la separación se hace imprevisible, lo cual no constituye excepción. La plata, en suma, no hace feliz, pero ayuda. O debería.

     

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