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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 27
    Abril
    2012

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    Distintos, pero no distantes

    No hay que tomar a título de inventario que dos equipos como el Barça y el Madrid, con presupuestos que casi cuadruplican esta temporada los de sus verdugos, hayan sido apeados de la Liga de Campeones por dos rivales con cierto pedigrí pero dudoso peso específico en el presente más riguroso.
        El fracaso, porque no se puede calificar de otra manera, de los dos clubs españoles, con plantillas multiraciales, no se puede analizar conjuntamente, si bien convergen en la desproporción de sus gastos en relación a los éxitos que éstos les proporcionan.
      El Barça se humilló inmerecidamente en Londres y el Nou Camp por clamorosos errores en la definición y no cabe recurrir el tópico de la mala suerte porque la fortuna, en el fútbol como en cualquier otro juego, es parte consustancial del mismo.
    El Madrid, por el contrario, fue claramente inferior al Bayern en los dos partidos y no porque disponga de peores jugadores, todo lo contrario, sino por la tozudez de su entrenador, empecinado en sus precarias teorías que prescinden de todo lo que no sean defensa o delanteros y sobre todo porque asume un protagonismo perjudicial para él, los jugadores y el club.

    Siendo ambos casos distintos y distantes, es sencillamente inadmisible el despilfarro. Invertir más de cuatrocientos millones en una guerra cruenta que ha llenado de pésimos ejemplos casi cada encuentro entre ambos, -que comenzaron como un verdadero choque de trenes con la Supercopa de España en agosto del 2011-, para alcanzar la dudosa gloria de vencer el uno al otro o conquistar alguna competición doméstica, provocaría el cese inmediato de todo el consejo de administración de cualquier empresa medianamente seria. Florentino Pérez no lo consentiría en ACS, aunque parece que por allí tampoco le van demasiado bien las cosas.
    De estas semifinales de Liga de Campeones se extraen conclusiones que no han de caer en el olvido. No hay futbolista en el mundo que valga noventa o cien millones de euros, ni mucho menos, como tampoco es necesario malgastar tanto dinero en tiempos de crisis económica por mantener un efímero orgullo que termina engullido por la prepotencia que, en sí mismo, encierra.

     

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