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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 06
    Octubre
    2013

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    Despegue abortado

    Lo peor no son las ocho jornadas disputadas, sino las treinta y cuatro que quedan. El aterrizaje se vislumbra accidentado, la travesía transcurre entre turbulencias y el inseguro despegue que se había iniciado frente al Alcorcón ha sido abortado de raíz, devolviéndonos a todos a la realidad: una defensa de papel, un centro del campo carente de creatividad y una minidelantera pendiente del humor de un futbolista, Víctor, elevado precozmente a los altares por poco que apunte, más o menos igual que ocurre con el resto de sus no menos vulgares compañeros. El gol del Zaragoza, que destapó la caja de los truenos, se veía venir. Ya se sabe que después del primer relámpago llega la tormenta y si el piloto duda, es imposible remontar el vuelo.

    LA MEMORIA ES TRAICIONERA. Oltra, el hombre que se sumerge en el banquillo en cuanto las aguas tornan procelosas, excusó la debacle de Gijón por la expulsión de Agus que dejó al equipo con diez jugadores. Pues bien, el suyo, este Mallorca de nuestros pecados, fue incapaz de causar ni un solo quebradero de cabeza a un enemigo que jugó con uno menos toda la segunda parte en la que, como muestra, incluso se permitió marcar un cuarto gol y hasta fallar un penalti. El problema no es numérico, sino de concepto, entrega y solidaridad. Encajar tres goles en ocho minutos es sinónimo de flaqueza, obra de pusilánimes a quienes no se transmite nada porque no emiten la menor señal receptora. Profesionales que hoy están aquí conscientes de que mañana estarán allí o en cualquier otra parte.


    CON EL NOMBRE NO SE GANA. Ni con el del club, ni con el de determinados futbolistas. Los del Zaragoza ya lo han aprendido, los de casa ni saben, ni contestan. Los hay que salen de titulares por sus apellidos o el importe de sus fichas, pero no por su aportación al colectivo. El ejemplo más ilustrativo es el de Alfaro, que luce galones de oficial cuando no ha mejorado a ningún soldado raso. Otro, Iñigo Pérez. Escondido durante más de medio partido, apareció para regalar un saque de esquina y un gol al adversario, para ser sustituido, casual y precisa y erróneamente, en el momento en que se le adivinaba alguna de las virtudes que, hasta la fecha, sólo se le suponen. En cuanto a Riverola, sustituto puente, basta decir que su presencia en el campo se nota lo mismo que si permaneciera en el banquillo. Con estos mimbres el cestero no puede equivocarse.

    CAMBIOS QUE NADA CAMBIAN a tan balbuceantes inicios de la temporada. En ocho jornadas ya han jugado tres laterales diestros, otros tantos zurdos, cuatro centrales y dos porteros. En media hora Montañés ya se había reido de unos cuantos, Henríquez de sus propios pares y Cortés, nada menos que aquel ya treintañero defensa bermellón, corría la banda y centraba como si tuviera veinte. A tales extremos de desbarajuste ha llegado el equipo de Oltra. Maestro y pupilos han preferido aferrarse a los puntos, sin analizar su porqué. Una comodidad que se traduce en el terreno de juego en prepotencia tan impropia como perjudicial. Como en el Titanic, la nave se hunde pero la orquesta sigue tocando, aunque no se sabe si un vals o la polka.     

    A DJOKOVIC LE CABE LA SATISFACCIÓN de haber ganado al número uno. Nadal enfrentó la final consciente del saldo positivo de su balance anual. No jugó a su nivel. Desde su aterrizaje en Pekín dio más muestras de raza que de buen juego. Le bastó para doblegar a Fognini y para certificar su liderato como producto de una temporada de ensueño. Ni uno de estos futbolistas que públicamente confiesan su admiración se plantea imitar su ejemplo y su capacidad de autocrítica. Cuestión de carácter, sí. Y de vergüenza torera.

     

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